5/11/2007

Spider-Man 3

El hombre araña 3


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Antes que nada, es preciso rescatar el buen grado de entretenimiento que propone esta cinta. Y no es para menos. La dos horas y media de metraje de “El hombre araña 3” se pasan volando cuando uno se deja atrapar en las “telarañas” de la acción constante, la espectacular composición de secuencias de lucha y, por supuesto, los efectos especiales. Ello, sumado al fanatismo que mucha gente tiene por el superhéroe, cosnstituiría el porqué del rotundo éxito de taquilla que consiguió el filme en el mundo.
Por otro lado, también estimo preciso señalar que en “El hombre araña 3” se aprecia una agilidad narrativa que nunca había aparecido en el resto de la trilogía fílmica del superhéroe. Así, y aún reconociendo que esta característica permite que la cinta se perciba fluida en todo momento, no la contemplo como un punto del todo positivo. Y es que resulta excesivo narrar en una sola película la historia de El Hombre-Araña y el disfraz negro junto a la trama de Sandman, la venganza de Harry Osborn, el compromiso con Mary Jane, el surgimiento de Venom y la rivalidad entre Eddie Brock y Peter Parker. “El hombre araña 3” descuida y aligera demasiado algunos contenidos narrativos. Éste es el caso de la subtrama de Venom, personaje que, en el film, coexiste tan sólo unos superficiales 10 minutos, mientras que en el cómic origina toda una saga de publicaciones.
De la misma forma, también ha quedado un tanto descuidada la historia del disfraz negro. Y es que, no llegan a explotarse ante el público todos los conflictos internos que podría padecer Peter Parker al ser poseído por el ente maligno. Ahora, es verdad que se puede apreciar al protagonista haciendo algunas cosas raras como caminar chistoso por las calles y bailar muy bien. Sin embargo, no se le entiende exactamente como un villano. Por ello suena un poco raro que Mary Jane le pregunte “¿quién eres?”, en alusión a su “explícita” maldad. “¿En qué te has convertido?” Dado que no encuentro otro cambio, yo respondería: en un sujeto que se peina con cerquillo y que se delinea los ojos.
Con todo, y aunque es insertada de una forma un tanto forzosa, no puedo hablar de superficialidad en la trama de Sandman, el hombre de arena. La suya me parece la historia más profunda de todas. Argumentaré con la narración de su origen: luego de quedar atrapado en un campo de experimentos radioactivos, el villano Flint Marko es desintegrado por una extraña máquina que trabaja con arena. Cuando el proceso acaba, Flint se da con que tiene la opción de regenerarse nuevamente en una especie de monstruo de arena. Accede a ello reconstruyendo su cuerpo con extremidades que se asemejan a las de una bestia. Sin embargo, como éstas no le sirven para recoger un dije que porta el retrato de su hija, decide cambiar y pulir sus rasgos “bestiales” hasta que se transforman nuevamente en los de una persona. La simbología queda hecha: Sandman se hace humano gracias al amor.

Otra concepción


Trataré de recordar esto en cuanto me sea posible: el gado de entretenimiento que propone “El hombre araña 3” puede salvar al filme ante algunos de sus defectos. Sin embargo, no por ello me desentenderé de mi labor, ya que escribo una crítica y, precisamente, la razón de ser de este género está en la argumentación separada de defectos y virtudes presentes en una obra, mediante un juicio personal de cara al lector. Así, pues, no se evitará comentar que el principal defecto de “El hombre araña 3” son las excesivas secuencias de humor.
Tengo que admitir que la comicidad de los anteriores filmes del superhéroe me sorprendió gratamente. Sin embargo, en esta ocasión, las secuencias de humor me han parecido excesivas. Han escapado de las manos del director Sam Raimi (el mismo de toda la saga) y, a causa de ello, “El hombre araña 3” ha perdido mucha seriedad en las partes que necesitaban mesura: las oscuras.

Ahora, en el plano actoral, diré que Tobey Maguire y Kirsten Dunst, como pareja protagonista, cada vez convencen menos; sobre todo Maguire, que en esta ocasión no supo hacer de malo. Por el contrario, gustaron James Franco, como Harry Osborn y Thomas Haden Church, como Sandman. Ellos, aunque tuvieron roles similares al de Maguire, salieron mejor parados puesto que entendieron que su papel no era para una película infantil, como sí parece haber ocurrido con Maguire.
Para resumir, me gustaría calificar a “El hombre araña 3” como “una película de malos”. Con ello daría cuenta de dos cosas: primero, que se trata de un metraje de villanos; segundo, que es una cinta en la que muchos agentes actúan de forma incorrecta. Inconsistencia para mostrar maldad. No obstante, aún debo recordar, como lo propuse, que el gado de entretenimiento que propone esta cinta podría bastar para pasar por alto algunos defectos del filme. Usted juzgará cuáles.

Josué Aguirre Alvarado

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5/09/2007

Transamerica

TRANSAMÉRICA
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Resulta atractiva la doble intencionalidad que propone el título. Por un lado, el rótulo utiliza el prefijo “trans” para significar un desplazamiento; un viaje por América. Y esto nos advierte que estamos ante un “Road movie”. Sin embargo, esta ambigüedad también propone a “trans” como una apócope de “transexualidad”, un estilo de vida enmarcado dentro de la cultura estadounidense. De ahí “Transamérica”.
Ahora, con todo lo dicho sobre el título y su correcto doblaje, opino que éste no termina advertir la particularidad de la cinta. Y es que, por las descripciones, uno puede hacerse la idea de que va a presenciar un filme parecido a “Boys Don’t Cry” u otro metraje dramático que aproveche el tema las desviaciones sexuales para exhibirse de manera cruda y refugiarse en calificativos como “realista”. Pues no. “Transamérica” no es ese tipo de película.
Ocurre que, si bien los principales componentes de “Transamérica” son el drama y las carreteras, también acompaña una hábil mezcla de comedia. Hablamos de un humor que no tiene comparación al de otras cintas similares. Así, no estamos ante los burdos gags de “Reinas o reyes”, sino que nos empapamos de una comicidad ácida que no se centra nunca en el/la protagonista. No es, por tanto, un humor que hace burla de una desviación sexual. Todo lo contrario: la cinta parodia a las personas “normales” por medio de un guión lleno de sorpresas y giros narrativos que crean situaciones realmente jocosas. El efecto es tal que me atrevería a decir, con disculpas a Duncan Tucker, el director, que estamos ante una cinta rodada desde la perspectiva de un transexual. Quizá a ello se deba la inserción algunas secuencias cómicas muy subidas de tono que, para algunos puritanos, podrían catalogarse como escandalosas. No obstante, yo recomiendo que éstas sean tomadas como parte del estilo del filme.
Por último, y dado que ésta es una película de actores, vale comentar que la actriz Felicity Huffman, que interpreta al transexual de esta película, por este papel fue nominada al Oscar en 2006. Fue una lástima que no haya ganado (o que la academia haya considerado mejor a Reese Witherspoon). Y es que no cualquiera puede actuar como alguien que finge. Porque, asumido que no es fácil actuar, hacer de hombre que quiere ser mujer, siendo mujer, es una intro-actuación que no se ve en todos los siglos.

Josué Aguirre Alvarado

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The wicker man

Culto siniestro

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A Nicolas Cage se le ha visto en todos los papeles habidos y por haber; desde los dramáticos (“Leaving Las Vegas”) hasta los cómicos (“Hombre de familia”); desde los de acción (“Con Air”) hasta los de superhéroe de cómic (“El vengador fantasma”). De esa manera, en esta oportunidad le tocó actuar en una película de Terror. Diversidad. Sin embargo, eso no siempre significa calidad. Y es que Cage, a sus 43 años, y teniendo contactos envidiables como su tío Francis Ford Coppola, se ha enredado en una atractiva serie de películas como “El señor de la guerra”, “Las torres gemelas” o la misma “Leaving Las Vegas” que le han otorgado grandes oportunidades de realizarse como actor, de tallar ese palo que tiene de cara o, como se dice en el argot actoral, de romperse una pierna. En definitiva: pudo ser un buen intérprete. Sin embargo, el actor, sólo consigue, en algunos casos, caer simpático. “Culto siniestro” es uno de ellos.
En “Culto Siniestro” Nicolas Cage interpreta a un detective dentro de una misteriosa aldea. Lo hace de manera cumplidora. No obstante, eso basta, al menos, para las pretensiones del director estadounidense Neil LaBute: realizar una buena adaptación del clásico de terror “Wicker Man”, de 1973. ¿Lo consigue? Quienes han visto la cinta original (no es mi caso) opinan que el remake de LaBute es intrascendente, innecesario y que no aporta nada a la obra original. Sin embargo, yo creo que el director se ha esforzado en crear una buena atmósfera de suspenso, que ha manejado bien un terror que se aleja de los golpes de sonido y que ha reproducido bien algunos atractivos elementos kubrickianos. Ahora, es cierto que LaBute (que también escribe) se enreda en huachaferías tales como mostrar continuamente la imagen de una niña que es aplastada por un trailer incluso dentro de un barco. No obstante, el realizador también es el responsable de una serie de simbolismos que no aparecen en la cinta original y que me han parecido bien puestos como el caso de las abejas que representan una supremacía de lo femenino dentro de la isla donde se desarrollan las acciones.
En resumen, diré que “Culto siniestro” no merece el galardón cinematográfico canadiense (CSC) que ganó; pero tampoco las nominaciones a los 5 premios Razzie (a lo peor del 2006).

Josué Aguirre Alvarado

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4/26/2007

The last king of Scotland

El último rey de Escocia
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Si yo no hubiese visto tantas cintas con los mismos planteamientos, “El último rey de Escocia” me habría parecido una buena producción. Lamentablemente, lo cierto es que después de “El jardinero fiel”, “Syriana” o “El señor de la guerra”; la trama del hombre blanco que se encuentra atrapado en el África a merced de un gobernante corrupto, no reservaba ninguna sorpresa para mí. De ese modo, la historia de “El último rey de Escocia” la percibí desgastada, con pocas novedades y argumentos poco filudos.
Todo esto me da un poco de lástima, porque reconozco que Kevin Macdonald, realizador del filme, es un director serio que ha hecho películas bien recibidas como “Un día de septiembre” (sobre los atentados en las Olimpiadas de Munich). De la misma manera, mi sentencia me llena de pena, debido la prolija actuación de Forest Whitaker, que caracteriza al excéntrico tirano ugandés Idi Amin. Y es que el trabajo del actor norteamericano me pareció bueno, sin embargo, no al punto de constituir un salvamento para que esta cinta no caiga en el cliché o en la prisión de las acciones irrelevantes. Creo que ahí se halla el principal problema del filme: “El último rey de Escocia” se enreda en cuestiones inútiles que alargan el metraje hasta lo innecesario. Me refiero pequeñas historias como un supuesto romance entre el protagonista y la esposa del medico de una aldea; pajaritos que se quedan en el aire.
Como puntos positivos podría comentar que la película no se vale de secuencias de acción (disparos o explosiones) para crear momentos de tensión; lo cual es todo un logro considerando que la historia se desarrolla en un contexto de guerra civil. Así, el director hábilmente deriva la tensión hacia los diálogos y a la rauda sucesión de hechos que, quiéralo o no, por momentos se aprecia algo inverosímil. Otra cosa interesante, aunque secundaria, es la excelente ambientación en la década de 1970. Esto se aprecia en el vestuario, los decorados, la arquitectura y otros.
Sólo por ello y quizá por la actuación de Whitaker podría recomendar “El último rey de Escocia”. Sin embargo, lo haría siempre con la certeza de que de esperaba más de una cinta del cine no comercial.

Josué Aguirre Alvarado

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Epic movie

Una loca película épica
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Dado que vivimos en una época dominada por las series paródicas “Los Simpsons” y “South Park”, no es raro que el cine de producción haya puesto en práctica las mismas técnicas que estos programas televisivos; sobre todo, cuando aquéllos proponen engancharse de películas hartamente taquilleras para colgarse de sus ventas. Hablamos casi siempre de un éxito garantizado. Tal es el caso de la célebre saga de “Scary Movie”, que ya contiene cuatro cintas y una quinta en proyecto.
Personalmente tengo que admitir que me gusta un tanto la idea de que los productores norteamericanos se burlen de los géneros más potentes de su cinematografía. Esto me parece bien siempre y cuando lo hagan con algo de estilo y humor. Por esa razón, contrario a algunas entregas de “las comedias de miedo” (sí, admito que las he gozado), ahora tengo que ponerme negativo: “Una loca película épica” no tiene ni lo uno ni lo otro. Aquí mi argumentación:
Primero: “Una loca película épica” no tiene estilo. La cinta repite sin ninguna gracia toda la parafernalia paródica de las consabidas “No es otra tonta película americana”, “No es otra película de amor” y, por supuesto, “Scary Movie”. Las fórmulas están muy manoseadas. Las actuaciones y los diálogos son demasiado predecibles. Para colmo, la historia es básicamente una versión cómica de “Las crónicas de Narnia: El león la bruja y el ropero” a la que se le ha adherido, a manera de un frankenstein, varios fragmentos de distintos filmes aparentemente épicos. ¡Ojo!, digo “aparentemente”, porque hay películas parodiadas como “Charlie y la fábrica de chocolate” o “Borat” que no pueden ser catalogadas dentro del género. Francamente temo pensar que los productores (no vale la pena hablar de directores aquí) piensen que sí. ¿En donde estaríamos?
Segundo: “Una loca película épica” no tiene humor. La mayoría de las secuencias cómicas del filme o gags han sido quemados previamente en anteriores películas del mismo estilo. Y los restantes se resumen en el insípido humor del tropezón o la cachetada. No exagero. Soy objetivo: cuando vi la película, a sala llena, en toda la hora y media del que dura el metraje tan sólo se escuchó un par de risitas y éstas (podría asegurar) se dieron en una secuencia en la que se parodia a Harry Potter y sus amigos. Creo que ésa fue la parte mejor lograda y más creativa del filme. Lástima que haya durado un par de minutos.
Josué Aguirre Alvarado

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4/22/2007

Meet the Robinsons

La familia del futuro
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Este es uno de los poquísimos casos en los que el doblaje ha impuesto un mejor título que el que propone el inglés original. Así tenemos “La familia del futuro”, rótulo que habla mucho mejor de lo que encuentra el niño protagonista en su viaje al futuro: una familia jocosamente misteriosa que va a extender ciertas conexiones con el pasado del muchacho. No es preciso, por tanto “Meet the robinsons” (“Conociendo a los Robinson”), un título que señala únicamente la situación accesoria de conocer a una familia por el mero hecho de ser disparatada (que a parte suena burdamente a “Conociendo a los Fockers”) y dejando de lado el misterio que lleva al personaje central a encontrarse con ese grupo de personas.
Creo, entonces, que el título latinoamericano le hace más honor al filme, una película inteligente, con un guión brillante, aunque con algunos problemas de nivel técnico; cuestiones por las que tengo que soltar la pregunta: ¿qué le pasa a Disney en el terreno 3D? ¿Por qué siempre queda tan mal frente a los trabajos de PIXAR? Hay que comentar que los gráficos de las películas animadas por computadora que realiza por su cuenta Disney son de tan baja calidad que nos hacen dudar si es que aún estamos frente a la misma productora que en 1937 iba a la vanguardia de la técnica al entrenar el primer largometraje de animación en colores; un hito que implantó el estándar de calidad de 24 fotogramas por segundo (que se mantiene hasta hoy): “Blanca nieves y los siete enanos”.
“La familia del futuro”, lamentablemente, no escapa a la mediocridad gráfica actual que bien se desplegó en la nefasta “Chicken Little”. Sin embargo, debo decir a favor de la nueva producción de Disney, y vaya que sí, que “La familia del futuro” pesa más por su historia; sobre todo, por la segunda mitad de la narración. Y es que resulta que
la primera fracción del filme es un tanto tópica en comparación a la sorpresiva, bien estructurada y delirante segunda parte, donde los personajes comienzan a brillar tras revelar sus verdaderas identidades.
Como dato adicional debo mencionar que la exhibición de “La familia del futuro” viene precedida de “Constructores de bote”, un clásico cortometraje de 1938 de Mickey Mouse, el pato Donald y Goofy. Viene proyectado en el tradicional formato de la época: pantalla cuadrada.

Josué Aguirre Alvarado

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Mr. Bean’s Holyday

Las vacaciones de Mr. Bean
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La película sólo tiene valor gracias al personaje de Mr. Bean. Y es que ocurre que la trama por sí sola es muy poco hilarante. Quizá se puedan encontrar ciertas similitudes con “El verano de Kikujiro”, de Takeshi Kitano pero, con todo, el guión de “Las vacaciones de Mr. Bean” tiene mucho menos brío y dista en calidad narrativa de la anterior aventura cinematográfica del personaje de Rowan Atkinson. Me refiero a “Bean: la película”.
No obstante, desde aquella cinta se realizaron algunos cambios: el primero de ellos fue reducir el número de personajes y el segundo hacer hablar menos a Mr. Bean (para que el filme refleje mejor el estilo de los cortos televisivos). Yo no sé si esto resultará mejor o peor. Lo cierto es que, aunque se molesten los fanáticos del actor inglés, tengo que confesar que me he reído igualmente con ambas películas, aunque las reconozco como comedias distintas. Así, creo que en el recién estrenado filme se nota más el humor británico que en la cinta de 1997.
Nuevamente. Ya he dicho que la historia de “Las vacaciones de Mr. Bean” no genera demasiado interés. Por ello, si uno va y no gusta del humor de Atkinson, podría comentar con justa razón que la trama del filme es una larga excusa para que el actor se luzca con sus monerías. Sin embargo, yo agregaría: lo mismo habrían dicho del gran Charles Chaplin en su época (salvando que la leyenda del cine mudo era un brillante director, compositor y guionista; mientras que Atkinson no). Asimismo, consideraría que algunos de los gags parecen haber sido reciclados de los antiguos cortos televisivos de Mr. Bean, lo cual denota cierta falta de creatividad.
Detalle a comentar: Mr. Bean, en esta aventura, abandona su antigua cámara polaroid en favor de una moderna filmadora handycam. Quizá esto indique que los años no pasan en vano para Bean, que se va modernizando; pero, con más seguridad, que ahora está más presto a lo audiovisual. Y, así, en lo que va de este año, ya hemos visto a Atkinson por partida doble en “Sálvese quien pueda” y en ésta producción, que yo creo que puedo recomendar junto a la canchita y chica morada.

Josué Aguirre Alvarado

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4/10/2007

El laberinto del fauno

El laberinto del fauno

En una palabra: joya

No se promocionó mucho. De hecho, en el cine, ni siquiera se colocó un cartel que le haga publicidad. Para colmo, llegó unos meses tarde y sólo para exhibirse en una sala pequeña. Sin embargo, “El laberinto del fauno”, al margen de haber convocado una agresiva asistencia en su semana de estreno, puede considerarse una de las mejores películas que hayan rotado por los cines de Piura en todas las épocas.
“El laberinto del fauno” es una película madura. Denota maestría. Así, ya no es el mismo Guillermo del Toro, director de “El espinazo del Diablo” y “Hellboy”, el que realiza “El laberinto del fauno”. Existe un abismo entre los dos; a tal punto que, con la nueva producción del mexicano, el cine español ha ganado una obra cumbre que muy probablemente se incluirá dentro la cinematografía universal.
Desmembremos. En primer lugar, debo referirme a las excelentes caracterizaciones de personaje. Y es que todo el elenco está bien escogido. A parte, la construcción de los caracteres es simplemente una delicia: gran trabajo de Del Toro que, además de dirigir, escribe y produce esta obra. No obstante, si tendría que destacar a un personaje de esta obra sería, sin duda, al diabólico capitán Vidal (que afirma de manera categórica sus propiedades malignas en su “brindis del por gusto”, dejando entrever que su maldad se desarrolla sólo porque sí), interpretado magistralmente por del catalán Sergi López. Sea por sus gestos, su rostro o su peinado hitleriano, López, creo yo, logra una de las mejores interpretaciones de villano en la Historia del cine. Otra actriz que brilla con luz propia, a pesar de que recién debuta, es la joven Ivana Baquero. Dada su gran expresividad, y aún después de habernos llenado de ternura en su papel de Ofelia, sobre todo en secuencias en las que le habla a su hermanito por nacer; la niña por tiene un futuro bastante prometedor en el Séptimo Arte.
Gratos momentos de aventura, excelente composición de imágenes (amparada en una potente tecnología a prueba de balas) e ingeniosa estructuración de los momentos de tensión. En “El laberinto del fauno” encontramos escenas que se distienden para potenciar la carga emotiva; aunque temo que en alguna de ellas a Del Toro se le va un poquito la mano con las imágenes duras.
A nivel de guión aprecio la interacción de dos tramas contrastantes: la fantasía, narrada a manera de un moderno cuento de hadas; y el realismo, a manos del relato descriptivo de uno de los momentos más sangrientos de la historia española: la guerra civil. Junto a esto último agradezco que la cinta no se enrede en innecesarios discursos políticos; que habrían desviado al filme de su sentido original. Es una cinta bien hecha en todo sentido.

Josué Aguirre Alvarado

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300

300

En una palabra: entretenida

Quizá sea un poco duro con “300”. Pero ello lo justifico con que la película llegó al mismo tiempo que “El laberinto del fauno” y aquella disfunción me hizo ver un poco deslucido el debut cinematográfico de su director, Zack Snyder. No obstante, con toda la objetividad que pueda ofrecer, diré que con “300” se puede pasar un buen momento, porque es un filme que divierte y que emociona por la acción constante, las delirantes secuencias de lucha y el diseño de sus monstruosos personajes. Lo visual. En eso “300” se lleva las palmas.
No obstante, a nivel narrativo, tenemos un metraje bastante pobre, pues se apoya en argumentos cliché que bien exponen películas como “Gladiador” o “Cruzada”. Por eso, intuyo que Snyder, con su guión, sólo buscó pretextos para montar secuencias de acción; momentos en los que se pudiera desentender y “ceder la cámara” al novelista gráfico Frank Miller.
No creo, sin embargo, que ello sea un total desacierto. Lo único que reclamo es que, por momentos, la acción se me hace bastante parecida a algunos fragmentos de “Sin City”. Por lo demás, las secuencias frenéticas, las coreografías de lucha y la ambientación compensan la carencia de dramatismo y la ausencia de diálogos realmente inteligentes; aunque considero oportuno recalcar que esperaba un poco más, acaso el despliegue de una sorprendente astucia discursiva de cintas como “V de venganza”, por dar ejemplos relacionados con Miller.
Por último, es atractivo el hecho de enmarcar las acciones en el prólogo de las Guerras Médicas, un episodio nada tratado en el cine. También, no deja de cautivar las descripciones más o menos acertadas de la cultura griega y espartana de la época; claro, con algunas exageraciones de por medio como la figura de los éforos que, aunque en “300” representan unos brujos corruptos, en la realidad se sabe que eran un consejo de ancianos que se elegía anual y democráticamente para apoyar al rey y hacer cumplir las leyes. No sé si valga la pena comentar que esta maniobra le resta lealtad histórica a “300”. En todo caso, no sería importante, puesto que el afán del filme no es el historicista, como tampoco lo fue el de “Satiricón”, de Federico Fellini.


Josué Aguirre Alvarado

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4/01/2007

Letters from Iwo Jima

Cartas desde Iwo Jima

En una palabra: magistral

Para aquel que quiera ver una obra maestra, aquí hay una. “Cartas desde Iwo Jima”, por su hondura y marcada emotividad, puede ser considerada una película cumbre dentro de la filmografía del prolijo Clint Eastwood y también del cine mundial.
En la crítica de “La conquista del honor” ya había adelantado que “Cartas desde Iwo Jima” era la historia de una misma batalla narrada desde otra perspectiva, la de los vencidos, la de los japoneses. Sin embargo, tras analizar el filme, creo que no estamos ante una obra complementaria, pues la película en cuestión tiene vida propia, igual que el metraje precedente. En definitiva, no se puede hablar de una primera o segunda parte; ni siquiera de dos puntos de vista distintos, salvo para intereses históricos. Más bien, se puede y debe hablar de
una oscura epopeya que agrupa a toda una legión de personajes condenados a padecer. Hablamos de una película que a penas podría encontrar un semejante en “La caída”, magistral filme de Oliver Hirschbiegel.
Uno de los grandes méritos de Eastwood con “Cartas desde Iwo Jima” se resume en, precisamente lo que películas como “Memorias de una geisha” tan sólo intentaron, plasmar la diversidad de personalidades del pueblo japonés mediante los cánones cinematográficos occidentales. Así, en el filme las actuaciones no se perciben tan duras como las acostumbradas en el cine nipón, que a su vez se basa en los mandatos del teatro Kabuki. Eastwood no se queda en los consabidos estereotipos del japonés: hombre insensible, maquinal y enfermo por el honor. Por lo contrario, se atreve a comparar a estas personalidades planas (que considera malvadas) junto a caracteres humanos que tienen historias diversas, padecimientos y que, al igual que sus enemigos, los norteamericanos, también quieren regresar a casa. Y es aquí donde hallo una de las grandes virtudes de “Cartas desde Iwo Jima”:
consigue igualar a dos culturas en la guerra más grande del mundo.
Ahora, me he reservado este espacio para comentar mi molestia con el Oscar. Está bien, admito que una película regular de Martin Scorsese, puede gustar más que cualquier otra producción en una cartelera ordinaria de cine. No obstante, cuando un filme como “Los infiltrados”, se topa con una obra del calibre de “Cartas desde Iwo Jima” considero que tiene las de perder. Así que, para negativos, ahí va la conclusión: siento cólera, mucha cólera. Considero que La Academia premió una película un tanto superflua y mal concretada, sólo por motivos de taquilla y no fue justa con la perfección en la obra de Eastwood. Pobre.
Josué Aguirre Alvarado

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El rey de los huevones

El rey de los huevones

En una palabra: parca

La publicidad en el cine puede ser bienvenida siempre y cuando no se entrometa en la historia. Así podría poner ejemplos como una secuencia del clásico filme “Balde Runner” en la que el auto volador del protagonista pasa lentamente al lado de un enorme banner de “Coca Cola”. De la misma manera, yéndonos a las antípodas del cine, esta forma de marketing se puede aguantar en cintas nacionales como “Un día sin sexo”, donde incluso se abusa un poco de la marca “Esika”. No obstante, ningún ejemplo será jamás tan deplorable como el de “El rey de los Huevones”, donde uno de los personajes se llega a enfermar sin otra razón más que publicitar las pastillas “Tapsin”, fármacos que son constante y horriblemente recomendados por todos los protagonistas a manera de receta médica.
Bueno, dicho lo dicho, y ya que en mi crítica no podría dejar pasar semejante sinvergüencería, porque es una de las muestras más claras de cómo el arte se puede llegar a vender como un soporte industrial; pasaré a ocuparme del filme en sí. De ese modo, empezaré por decir que al protagonista, Boris Quercia, le faltó un poco más de carisma. No está, creo yo, a la altura de Marcelo Mazzarello en “Pretendiendo”. Quercia, por más de que físicamente encaja en el papel, en lo actoral aburre y llega a confundir en algunos gags. Angie Jibaja tampoco convence, carece de ese encanto de primeriza que colegas suyas como Tula Rodríguez pusieron de manifiesto en cintas como “Chicha tu madre”, aunque sea sólo para cumplir. A Angie Jibaja, por el contrario, sólo se le puede valorar como cara (figura) bonita.
“El rey de los huevones”. No se puede negar que es un título muy llamativo. Sin embargo, como comedia, posee muy pocos momentos gratos. Sólo se podría rescatar de ella cierto atrevimiento en los minutos finales que alejan a esta obra de un inminente cliché. Pero ello resulta muy poco como para alcanzar una recomendación.
Josué Aguirre Alvarado

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3/22/2007

The pursuit of happyness

En busca de la felicidad
En una palabra: tierna

Aunque no puedo negar que “En busca de la felicidad” es una película simpática, que motiva, conmueve y que podría recomendar sinceramente; también debo decir que no me ha complacido con algunos de sus móviles. Y los comentaré, a pesar que me arriesgo a mostrarme antipático ante el mayoritario público que ha salido satisfecho luego de apreciar el filme en su semana de estreno.
De ese modo, el primer detalle que debo criticar es que toda la trama pretende rebatir el argumento de el dinero no hace la felicidad. La felicidad, la alegría. Ésta se resume en la búsqueda de dinero, de empleo, de beneficios monetario que, cuando se ausentan traen irremediable tristeza. Y, en ese sentido, me impresiona que el filme contradiga otras historias como la del taxista interpretado por John Travolta en “Mira quién habla” o la del vagabundo interpretado por James Belushi en “La pequeña pícara”. Sin embargo, por más metalizado que sea éste móvil, sigue siendo una forma válida de hacer que la historia surja. No obstante, lo que fastidia es que en la película se quiera esbozar una moraleja que no termino de asimilar como positiva. Pienso que el filme pudo resultar mejor si no se hubiese apoyado tanto en una función formativa.

Por otro lado, también me he fijado en otro desacierto: la explotación indiscriminada de un niño. Hitchcock tenía como máxima: “ni con niños ni con animales”, pues el director consideraba que rodar una película con alguno de estos caracteres aseguraba de una manera tramposa la empatía con el público. Es debatible. Yo no estoy completamente de acuerdo con ello, pero sí puedo asegurar que en “En busca de la felicidad” el empleo del niño se percibe un poco abusivo: cumple la función de rellenar huecos, de aparecer para poner puntos cumbres en la trama cuando las desgracias (increíblemente constantes) le dan descanso al protagonista.
Sin embargo, a pesar de todo lo dicho no podría calificar a película como mala. Creo que la salvan las actuaciones de Will Smith y de su hijo (en la película y en la vida real), Jaden Smith; y detalles narrativos como la venta de unos aparatos médicos que nadie
quiere comprarle al protagonista. Asimismo, aprecio algunos momentos de humor y otros tantos que no llego a identificar como cómicos o dramáticos. Es que no sé si me falta sensibilidad o si es que el filme es demasiado meloso para distinguirlos. En todo caso, sí puedo concluir con que sí los disfruté, como la película, en líneas generales.
Josué Aguirre Alvarado

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Wolf Creek

El cazador

En una palabra: delirante

Aún mantengo que el género de Terror es el que menos satisfacciones me ha dejado en mis años de crítico. Sin embargo, junto a semejante afirmación no puedo evitar mencionar algunas honrosas excepciones como “La llave maestra”, “Toolbox murders”, “Silent Hill” y ésta, recientemente agregado a mi lista, el filme australiano “El cazador”. Y es que esta película tiene el mérito de no infundir el miedo sólo por el consabido canal del golpe de sonido; recurso que, contrario a miles de cintas que lo explotan hasta el hartazgo, “El cazador” lo emplea una única vez, para evitar desgaste en el espectador. De esa forma, se ejercen otros métodos para asustar: secuencias Gore y construcciones de suma tensión, acompañadas todas de una vibrante banda sonora. En ese sentido tendría que destacar una excelente secuencia que, particularmente, tomaría como ejemplo para explicar qué es cine de terror. Me refiero al momento en el que el asesino de la película se muestra como el cazador que es y se lanza a la persecución de sus víctimas en la carretera. Una secuencia delirante. Sin embargo, en el mismo metraje, también se puede destacar otro fragmento que transmite un sentimiento muy distinto, aunque igualmente poderoso: el romance. Hallamos así una escena en la que los jóvenes protagonistas se besan por
primera vez entre risas. Es una corta secuencia que, filmada de manera sencilla y sin palabras, se aprecia por su deliciosa ligereza inherente en cada uno de los protagonistas.
Ahora, si de personajes hablamos, mentiríamos si no decimos que el más convincente (y el más original, por cierto) es el cazador: un ser desquiciadamente complejo, aunque siempre justificado. Tanto así: se podría crear un mito al rededor del personaje sin la necesidad de señalar que existe en la vida real, como lo hace reiterativamente el filme.
En “El cazador”, por desgracia, hay algunos errores que impiden que la cinta sea perfecta. Y, en ese sentido, detecto dos deméritos: el primero, que la historia concluye de manera facilona, soltando unos datos reales que conceden un carácter documental,
pero que cierran las puertas para una conclusión más original o más trabajada; el segundo, que en algunos momentos, el filme se pone medio turisticón, así vemos en una secuencia toscamente didáctica, cuando los protagonistas llegan a un lugar de interés para el viajero. No obstante, no quisiera hacer mucho hincapié en estos deslices. Son cosas que puedo perdonar considerando que la totalidad del filme constituye un trabajo bien realizado y muy recomendable, por lo demás.
Josué Aguirre Alvarado

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3/19/2007

The Upside of Anger

Adorablemente enojada

En una palabra: adorable

Esta semana han llegado a nuestra cartelera dos comedias sutiles: extraña forma de cine que, para el público peruano, acostumbrado al estridente humor disparatado que hace poco nos llegó por cuenta de “Todas contra John”; suele calificar como aburrida. Con todo, este tipo de películas de humor inteligente, representan un manjar para unos pocos que gustamos de momentos amenos, bajos en “azucar” y referidos comúnmente a temas tan cotidianos como la familia. Así nos encontramos con “Adorablemente enojada”, una cinta que, a pesar de tener algunas secuencias cargadas de drama, verdadero drama, no desentona con la pizca de comicidad que propone el director.
Apreciamos una sensación agridulce, como el carácter de Terry Wolfmeyer, protagonista del filme. Recordemos que el título de la cinta, traducido de manera acertada al castellano como “Adorablemente enojada”, señala la complejidad psicológica de esta mujer, una manera de ser que con genialidad logra transmitir la actriz Joan Allen. Allen enfrascada en su papel, y en el centro de la historia, ve girar al mundo de una forma paranoica. No obstante, después va aprendiendo que la gente de su alrededor es más bondadosa de lo que cree. ¿Podríamos, entonces, hablar de una película bonachona y cargada de enseñanzas para la vida? Sí, pero ni este ni ningún filme debe reducirse sólo a eso, pues no es la principal razón de ser del cine. Y no sé si será la culturización o el simple entretenimiento. Pero lo cierto es que en una película siempre se aprecian más cosas que las moralejas. Por ello, en “Adorablemente enojada”, aprecio los modos de narrar; una estructura regresiva que enmarca todos los hechos en un funeral, aprisionándolos en medio de un misterio que impide, y de manera acertada, la espera de un final feliz. Tras conseguir esa tensión, hacia el final hallamos una virtud que hace que de esta película, aunque siempre sencilla en cuanto a su planteamiento, un ejercicio muy poco predecible.

Otros detalles a apreciar: la actuación de Kevin Costner y la del resto del reparto. Creo que se ha hecho un buen cásting; del que es responsable, en parte, el director independiente Mike Binder. Como curiosidad comentaré que el realizador se da el gusto de aparecer en la cinta como el excéntrico productor de radio que, en su momento, profesa un buen discurso acerca de sus anormales preferencias sentimentales.

Josué Aguirre Alvarado

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Keeping Mum

Sálvese quien pueda

En una palabra: divertida

La otra película recientemente estrenada de humor inteligente es “Sálvese quien pueda”. Pero ¡ojo!, no hay que confundirla con “Las vacaciones de Mr Bean”, puesto que, si bien Rowan Atkinson aparece entre los créditos, el actor no encarna a su acostumbrado personaje y a penas pinta como un actor secundario: un vicario anglicano, jefe de familia que, antes bien, su principal problema es no saber hacer reír. Qué ironía.

De esa forma, el protagonismo, y con él el peso cómico del filme, se halla en la figura de Maggie Smith, que caracteriza a una especie de Mary Poppins excéntrica, que llega a la casa del clérigo a mejorar la vida de su familia en un pequeño pueblo inglés; pero de un modo algo violento. La Smith está genial, con una cara de yo no fui y, sin embargo, haciendo el papel de una justiciera criminal. Es sumamente jocosa. Sin embargo, debemos considerar que la compañía perfecta es Kristin Scott Thomas, con una apariencia inocente pero también fresca y presta para la hilaridad. Podría decirse que en “Sálvese quien pueda”, la comicidad está en manos femeninas. Sin embargo, no seríamos justos con un sorprendente Patric Zwayze que, ya pasados sus años mozos, se ha dedicado a burlarse de sus anteriores trabajos como galán de turno encarnando a un personaje extravagante que, al ser norteamericano, funciona en clave de comedia disparatada; un elemento al que las inglesas Smith y Scott Thomas parecen combatir desde sus personajes dentro del filme.


“Sálvese quien pueda” es una cinta dirigida por el británico Niall Johnson, realizador de pequeñas películas, sin mucho presupuesto. Ahora escribe y dirige este filme un tanto comercial que, a grandes rasgos se puede considerar como una interesante alternativa para quienes gusten de la comedia fina hecha para adultos.
Josué Aguirre Alvarado

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3/11/2007

John Tucker must die

Todas contra Jhon

En una palabra: divierte

Al contrario de la decepción que sufrí con “Babel” tengo que decir que, en “Todas contra Jhon”, he encontrado más detalles gratos de los que esperaba. Aún ignoro si esto se debe a que quizá tenía puestas las expectativas demasiado bajas en el filme. Sin embargo, lo que sí puedo afirmar es que, aunque “Todas contra Jhon” es la típica e idiota película de escuela norteamericana que bien se ha parodiado en más de una ocasión, cumple con mostrarnos ciertos momentos jocosos; secuencias dadas, en gran parte, por la personalidad del secundario Jesse Metcalfe, en el papel de John Tucker.
En verdad no creo que Jesse Metcalfe, cumpla con la misma efectividad que hubiera tenido Amanda Bynes en “Una chica en apuros”. Tampoco creo que haya resplandecido Brittany Snow, aunque ella repita el mismo papel que la Bynes en la mencionada película. Sin embargo, algo tiene Metcalfe en “Todas contra Jhon” que lo hace simpático, que cae bien y que hace que su papel resulte creíble. No se puede negar, que, los gags que le destina el predecible guión de la película, son refrescados por Metcalfe, potenciándolos en varios puntos. Tiene que ser así. Las otras cuatro protagonistas, que deberían ser graciosas, no simpatizan en ningún momento del filme.
Ahora, la trama, como ya venía adelantando, es de lo más predecible. Tanto así: se pone trabas a sí misma. Y es que por seguir las “reglas” de la comedia de escuela, “Todas contra Tucker” se conduce hacia un final distinto de lo establecido. Entonces, para evitar originalidad, hacia los minutos finales, el guión gira incoherentemente para que el filme se resuelva como siempre ocurre en las miles de comedias de adolescentes en las que un grupo de chicos populares mandan y otro, (dígase, los nerds), obedecen. Todo preestablecido. Holly Jamma Lamma! Y después se preguntan por qué hay matanzas como la de Columbine.
Josué Aguirre Alavarado

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Babel

Babel

En una Papabra: Regular

Decepcionante. Cannes y Hollywood hicieron demasiada alharaca con este filme. Y es que “Babel” es una insípida película que sólo que explota los estereotipos más quemados que existen en el cine para con los latinoamericanos y los musulmanes. Me sorprende un poco esto. Creí que Alejandro González Iñárritu, director de la cinta, por su origen mexicano, podría exponer un punto de vista más enriquecedor acerca de la situación de nuestros pueblos y no la misma perspectiva de un gringo ignorante. ¿Donde vive? Creo que en California.

“Babel” retrata a un grupo de mexicanos que, al perecer y como todos en ese país, viven en el caos mientras organizan salvajes parrandas que resultan incomprensibles para los modos estadounidenses. De la misma manera, vemos que, al otro lado del mundo, a una familia campesina árabe sueña con poseer un arma que, casi por obligación, sería el nuevo juguete de dos niños; dos chiquillos que el director retrata como tiradores natos. Clichés Incluso, en “Babel”, los estadounidenses no se salvan. Y es que, a la par que el director utiliza personajes complejos, como el matrimonio que viaja a Marruecos; aparece la archiconocida imagen del petulante policía gringo de frontera. En esa línea sólo me resta comentar que los únicos carecteres bien construidos son la familia japonesa, puesto que en ella los prejuicios quedan de lado en favor de una historia que, aunque un tanto parca (como casi todo en el filme), se puede resaltar como lo más original de la cinta.

A “Babel” le falta la chispa y la emotividad que sí poseen cintas similares, también nominadas al Oscar en años anteriores, como es el caso de “Crash”, de Paul Haggis. Por eso, en “Babel” se opta por la profusión. Se narra una historia conformada por cuatro pesadas sub tramas que se unen en circunstancias, vale comentar, muy poco verosímiles.

Tengo que mencionar, por otro lado, que tampoco he percibido innovación dentro del cine de González Iñárritu. He visto la misma estructura narrativa que el realizador empleó en sus dos anteriores trabajos: “Amores Perros” y “21 gramos”.
Josué Aguirre Alvarado

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3/09/2007

Flags of our fathers

La conquista del honor

En una palabra: extraordinaria

Ahora, la otra cara de la moneda. Afortunadamente. Y es que, tras un mes de estrenos más bien mediocres, ya hacía falta que llegara a nuestro cine una película tan buena como esta.
Antes que nada, voy a tener que pasar de hablar acerca del director de este filme, el maestro Clint Eastwood. Dejaré de hacerlo por cuestiones de espacio y porque continuamente lo cito cuando tengo que hablar del buen cine. Por ello en esta ocasión sólo me remitiré a hablar de la obra.
De ese modo, para comenzar he creído conveniente comentar un pequeño desliz en “La conquista del honor”. Resulta que la película gasta un considerable tiempo en escenas bélicas que carecen de otra función distinta a la pomposidad. Esta longitud de las secuencias me hace pensar si esta cinta pretende competir con la introducción de “Salvando al soldado Ryan”. No obstante, fuera de esa falla (que lamentablemente impide que el filme sea perfecto), esta nueva realización de Clint Eastwood es casi una obra maestra; y no precisamente por adentrase en la belicosidad ni en la gloria del momento cumbre de la Segunda Guerra Mundial, sino por tratar un suceso curioso que, sin embargo, acarrea una serie de dramas humanos poco considerados en el cine; arte que suele rendirse ante el avasallador panorama de la guerra más sangrienta de la historia.
Una cosa que podría parecer un conejo salido de un sombrero de mago sería todo el marco que encasilla la historia. En él, un veterano acapara la narración de la historia hasta que al final la cede a un moribundo ex combatiente que perece contando sólo una anécdota de guerra. Sí, podría parecer un giro absurdo. Sin embargo, personalmente opino que, con esta maniobra de guión, Eastwood aterriza la historia sobre un hecho hermoso, un suceso tan poco relevante (como lo es la historia que trata filme con respecto la Historia Universal) pero que aleja la culminación de la cinta de aquel final desesperanzador que todo espectador imaginaría.
No obstante, ante todo lo dicho, debo recalcar que tanto mi crítica como la obra de Eastwood están incompletas; puesto que “La conquista del honor” es sólo una parte de los hechos. Éstos los podremos apreciar en “Cartas desde Iwo Jima”, un filme que la crítica ha coincidido en calificar como superior artísticamente. Ojalá nuestro cine nos sorprenda esta semana con el estreno de esta película.
Josué Aguirre Alvarado

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Ghost Rider

El vengador fantasma

En una palabra: insufrible

Bien, esta semana tuvimos dos estrenos que, personalmente podría localizar en las antípodas de la cinefilia. Digo: a la par de lo extraordinario, he presenciado lo denigrante. Así organicé esta crítica hoy. Y, como quiéralo o no, la percepción del lector ante su servidor es la de un crítico negativo, le daré en la yema del gusto y comenzaré con lo que sencillamente quiero calificar como una de las peores adaptaciones del cómic al cine: “El vengador fantasma”.
Para comenzar: “Hulk”, “El hombre araña”, “Ultravioleta”, “Batman”, “Superman”, V de venganza”, “Los cuatro fantásticos”, “300”, “Punisher”, “Daredevil”, Gatúbela”, “Elektra”, “Sin City”, “Constantine”, “El cuervo”, “Spawn”, “Blade”... ¿Ya no son demasiados superhéroes adaptados desde cómic? ¿Hacía falta uno más? ¿Acaso no aburre tanto de lo mismo, sobre todo cuando los personajes se presentan con historias más o menos parecidas? Juzgue usted como espectador, yo sólo me remito a comentar el filme. Así, no debo dejar de decir que dentro de los innumerables desaciertos, en el metraje ubico un toque de comedia que nunca se llega a entender. Y no es que una pizca de sentido del humor esté siempre mal. Creo que ésta puede funcionar siempre y cuando un filme no pretenda ser tan oscuro como éste. Otra flaqueza del guión se halla en las contradictorias secuencias iniciales; momento en el que el personaje del diablo maldice al protagonista para que se olvide de su familia, de sus amigos y de su novia. Sin embargo, y como si nada, todo el filme funciona al revés puesto que los tres móviles del personaje central son precisamente recobrar a su novia, vengar la muerte de su padre y simplemente pasar un buen rato con los amigos. Otra cosa que también fastidia: creo que todo superhéroe debe tener enemigos a la altura, obstáculos que proporcionen cierta emoción a la historia; no villanos fáciles de vencer como los idiotas fantasmas que el “Vengador” destruye en un dos por tres.En lo que refiere a las actuaciones, de Nicholas Cage, no tengo más qué decir excepto que era lo esperado. Como ya he comentado con anterioridad, le tengo tan poca estima como a Eva Mendez, su pareja en el filme; pero más que al director, Mark Steven Johnson; responsable de otros bodrios cinematográficos como “Daredevil” o la producción de “Gabtubela”.
Josué Aguirre Alvarado

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The illusionist

El ilusionista
En una palabra: decepcionante

No sería honesto si dejo de mencionar la inminente similitud entre “El ilusionista” y “El gran truco”; película que, personalmente, podría calificar como lo mejor del año pasado (y por ello me entristece que sólo haya durado una semana en cartelera, al igual que “Una historia violenta” o “Solas”). Pero, antes que nada, quiero dejar en claro que esta comparación es, dejando de lado las diferencias entre la maestría de Christopher Nolan y el segundo debut del sobrevalorado Neil Burger.
Así, he de halagar el hecho de que Burger ha hecho suya una historia, que se escribió a manera de cuento (“Eisenheim: The illusionist”), para luego adaptarla a un filme de casi dos horas. Aprecio este trabajo creativo. Sin embargo, también debo criticar la poca agilidad del filme, letargo que en un momento dado casi termina por hacerme dormir. Y eso lo comento dejando de lado el tema del abuso de tópicos, escenas previsibles y un desenlace que, si no fuese por su acartonamiento, parecería cumplir la misma función que el de “El gran truco”.
Vale comentar, y disculpe el lector por abusar de la comparación, que “El ilusionista”, contrario al “El gran truco”, recurre a evidentes e inverosímiles efectos especiales para conseguir con trampas lo que el filme de Nolan hacía de una forma osada y real. Nolan trataba de manera certera describir el mundillo de la mágica de finales del XIX; no con ilusiones defectuosas que dejan todo en el nivel de la fantasía y el cuento de hadas: había una vez + magia + y vivieron felices para siempre.
Sin embargo, hay que reconocer que la atmósfera de “El ilusionista” es más o menos encantadora, que se desarrolla a finales del XIX en Viena (a diferencia de “El gran truco” que se desarrollaría paralelamente en Londres) y en medio de ciertos conflictos políticos que, a mi parecer, han sido bien abordados y levantan este filme de lo absolutamente comercial (aunque este también fuera el recurso de “Gladiador”).
En fin, con todo no creo que pueda dar mis recomendaciones a este filme, por más de que tenía muchas expectativas puestas en él. Y lo siento, pues así tendré que dar una crítica mala sobre un filme de Edward Norton y Paul Giamatti, actores que me han maravillado en otras cintas como “La hora 25” o “Entre copas”. Una lástima.

Josué Aguirre Alvarado

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Blood diamond

Diamante de sangre

En una palabra: Regular

“El último samurai” entusiasma tanto como “Memorias de una geisha”. Por ello, el hecho de presentar a Edward Zwick, director de “Diamante de sangre”, con el supuesto mérito de haber realizado el primer filme mencionado, sólo se puede tomar como una forma de referirse a él como “el realizador de cine comercial de...”
Por ello, aunque su más reciente producción aparentemente gana el favor de la crítica por contener algunos momentos conmovedores (como el discurso del padre que tiene ante sus ojos a su hijo convertido en un criminal apunto de matarlo); la lírica en “Diamante de sangre” es interrumpida constante y horriblemente por ruidos de disparos y explosiones que no parecen circunstanciales, sino harto planeados por el director. ¡Arriba los disparos!, ¡abajo el drama! A ello habría que sumarle la incursión de varias secuencias de acción gratuitas como aquella que se inicia sin más pretexto que un recorrido periodístico. En este sentido “Diamante de sangre” tiene mucho qué aprender de “Hotel Rwanda”, un filme magistral que describe un conflicto bélico más o menos parecido, minimizando las escenas de acción y potenciando las impactantes ambientaciones, de tal modo que se aprecia, en un determinado momento, al protagonista del filme encima de un cerro de cadáveres; cuerpos a los que no los hemos visto ser atravesados por una bala para saber cómo han caídos. ¿Imágenes duras? Sí ¿Disparos? No. En “Diamante de sangre” ocurre todo lo contrario, la acción, la violencia y las muertes impactantes ocupan un rol protagónico con el que este filme pretende atraer; recurso banal si no viene acompañado de otro componente adicional. Así, citando a una cinta de la talla de “El señor de la guerra”, hallamos un metraje documental que gana ampliamente en impacto y violencia; pero también en información y en descripciones dramáticas de los compradores y consumidores de armamento: el agregado, el eje dramático. De ello cojea “Diamante de sangre”, película que sólo se limita a desarrollar una chlicheteada historia a través del personaje interpretado por Djimon Hounsou, una subtrama que se pudo explotar más para que roles como el de Leonardo DiCaprio no queden como el de un Rambo o el de Jennifer Connelly, como el de la doctora Kendricks, en “Lagrimas del sol”. Ya estamos un poco hastiados de ello.
Josué Aguirre Alvarado

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Déjà Vu

Déjà Vu
En una palabra: regularona

Ésta es la otra película que basa su argumento en viajes temporales. Sin embargo, al contrario de “Regresiones de un hombre muerto”, que plantea que el porvenir es muy fácil de cambiar, como en “Volver al futuro”; “Déjà vu” expone que variar el paso del tiempo es muy complicado. Y ello se debe a una suerte de predestinación que queda tratada de una forma un tanto blanda.
Ahora, en “Déjà vu” no veo mayor error en la trama (contrario a “Regresiones de un hombre muerto”). Y no sé si por consecuencia de ello debería comentar que esta película parece estar hecha al “estilo Denzel Washington”. Sin embargo, lo que sí sé es que hay algo que me fastidia de la trama y no es un error formal. Así, ves que hacia el final del filme se derrumba todo lo interesante que planteaba el director desde el comienzo. Y es que tras una amplia introducción que se asocia con el género del Thriller, la cinta desemboca hacia algo un tanto irrisorio, que no podría comentar aquí para no destruir los ánimos de quien esté dispuesto a espectar este filme. En cambio, sólo diré que “Déjà Vu” es otra más de esa cintas que siempre tratan de dejar bien parados a los agentes del FBI y otras organizaciones de seguridad aparentemente infalibles de Estados Unidos. Da lo mismo: de todas formas ya podemos predecir cómo acabará el cuento.
Entonces, salvo por el suspenso inicial, la cinta se hace excesivamente larga. Son dos horas, pero parecen cuatro. Sobreabundan datos innecesarios como aquella compleja descripción de la maquinaria de los “federados”, un tremendo rollo que a nadie le interesa y que quizá se pudo dejar de lado como en “regresiones de un hombre muerto”, puesto que la ficción suele soportar este tipo de cosas.
Para terminar, debo decir que, a diferencia de “Regresiones de un hombre muerto”, “Déjà Vu” no posee brillantes actuaciones. Sí, es cierto que Denzel Washington y el acabado Val Kilmer (nótese el humor con el que se lo dicen en del filme) hacen algo por
el filme, pero esto no resulta suficiente.
Josué Aguirre Alvarado

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The jacket

Regresiones de un hombre muerto

En una palabra: buena

Esta semana se estrenan dos películas que tratan sobre viajes en el tiempo. Por tanto, en esta página, creí conveniente dedicarme a comparar ambos filmes, dejando de lado otras alternativas. Así, la primera película a la que me referiré será a la del inglés John Maybury, desconocido realizador de obras irrelevantes como “Genetron” o “Man to Man”. No obstante, y ya exhibiéndose ante las masas, Maybury ahora nos trae una atractiva cinta que, a pesar de algunos deslices, se puede llegar a disfrutar, sobre todo si el esperador es de los que sabe apreciar metrajes sólo por sus actores.
“Regresiones de un hombre muerto” es un filme que tiene el mérito de ser sencillo. Hablamos, entonces, de una historia simple, de un guión que, como alguien me comentaba recientemente, se podría describir en menos de 20 palabras. Sin embargo, con tan poco, John Maybury monta una inteligente estructura anacrónica que resulta sinceramente cautivante. Ahora, es cierto que hay secuencias innecesarias, como aquellas protagonizadas por Daniel Craig; secciones del filme que no aportan mucho al desarrollo global pero, por su comicidad, sirven como cambios de aire que impiden la monotonía y el agotamiento en el espectador.
Por otro lado, la trama de “Regresiones de un hombre muerto”, posee un grave error que no podría dejar escapar. Toda la historia constituye un círculo vicioso sin inicio ni comienzo. Y es que en el filme el futuro es consecuencia del pasado; y el pasado, del futuro. Luego, no hay un origen lógico para los hechos. Esto se aprecia más claramente en el siguiente ejemplo: el protagonista (Adrien Brody ) viaja al futuro y ahí descubre que su amiga doctora (Jennifer Jason Leigh) ha curado a un chico de sus problemas mentales. Ocurre que ella lo ha hecho porque el personaje central, en el pasado, le había dicho qué hacer. No obstante, éste no le hubiese podido servir de ayuda si es que la doctora en el futuro no le comentara el procedimiento que siguió. Entonces: ¿Quién tuvo originalmente la solución para el chico? ¿La nada?
Con todo, no sabría decir si “Regresiones de un hombre muerto” es una mala película. Lo que sí sé es que, a nivel actoral, la cinta debería tener no menos de 5 estrellas. Las geniales actuaciones de Kris Kristofferson, Adrien Brody, Daniel Craig y Keira Knightley (en ese orden) levantan la calificación de este filme a tal punto que se podría hablar de una película de actores.

Josué Aguirre alvarado

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5/23/2006

Date Movie

No es otra película de amor
Malísima/buena

Los guionistas de la burlesca saga “Scary Movie”, Jason Friedberg y Aaron Seltzer, vuelven a las andanzas. Pero, ¡Sálvese quien pueda!, ahora han acaparado el papel de la dirección. El resultado ha sido de los peores: una película poco imaginativa que gira siempre en torno a la vulgaridad. “No es otra película de amor” es el nombre de este mamarracho que, si no tuviese como atractivo parodiar las comedias románticas de Hollywood, podría ser considerada la peor cinta de la historia; aún por debajo de los grotescos filmes del excéntrico John Waters.

Para algunos Friedberg y Seltzer han conseguido algo singular: mofarse de los géneros más populares y mecanizados de Hollywood: el terror y las comedias románticas. No obstante, las películas que escribieron estos personajes, junto a “No es otra tonta película americana”, parecen tener su origen en el humor de las ochenteras “¿Y dónde está el piloto?” o “Police Academy”. De esa manera, hallamos en este grupo fílmico, las siguientes coincidencias: un humor abusivo y descabellado; actores repetidos; reminiscencias a películas inmediatamente anteriores que, supuestamente, habrían de marcar una época. Pero, cómo las cintas originales no tuvieron una larga vida, las parodias de éstas se perdieron en el más completo olvido. Sin duda, similar destino tendrá la saga de “Scary Movie” en unos cuantos años más y esta olvidable producción.

Caso contrario ocurre con “La loca historia de las galaxias” o “Drácula: muerto pero feliz”; dos metrajes que parodian a los clásicos de todos los tiempos: “Drácula de Bram Stoker” y “Star Wars”. Ahora, con esto no estamos diciendo que “No es otra película de amor” no deba ser vista. Todo lo contrario. Si ha de presenciarse, éste es el momento. Después, si esperamos dos años a que la producción sea transmitida por cable (o cuatro años en Tv de señal abierta), sería infinitamente tarde. Las imágenes saltarían por toda la pantalla y el espectador no cesaría de preguntarse ¿Se están burlando de una película? Y es que para fortuna del ser humano, su naturaleza lo ha dotado de mecanismos con los que borra de la mente la información banal. Luego, las películas en las que se basa “No es otra película de amor” son de ese tipo.

Sin embargo, en “Date movie”, hay cuestiones más estructurales que sí valdría la pena mencionar. Hayamos, por ejemplo, la ridiculización del consabido argumento del filme romántico: dos jóvenes que se enamoran perdidamente a pesar de la oposición de sus padres. Quizá esto le dé un poco más de vida a este esperpento antes de pasar al inevitable olvido. Y es que, desafortunadamente, es muy posible que aún se hagan más películas de amor de ese tipo.

Por último, si la escatología fuese una ciencia, “No es otra película de amor”, sería una obra notable. Así es, la cinta de Jason Friedberg y Aaron Seltzer es orgánicamente nauseabunda. Creemos que éste, para algunos su peor defecto, podría llegar a ser una virtud. Y es que no se puede negar que en la representación llega a transmitir una sensación fuerte. Pero, insistimos, dejémoslo como una posibilidad.
Josué Aguirre Alvarado

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5/21/2006

The Da Vinci code

El código Da Vinci
Regular

Si hay algo que el director Ron Howard sabe hacer bien es entretener. Lo ha demostrado en atractivas cintas como “Willow”, “Apolo 13” o “El luchador”. De la misma manera, su película número 27, “El código Da Vinci”, aunque por debajo del nivel de las obras mencionadas, no parece ser la excepción. Es el vacilón de fin de semana. Pero nada más. Y es que el filme, basado en el controversial libro del estadounidense Dan Brown, no llega a colmar las expectativas. Y no es por cucufatería…

“El Código Da Vinci” se ha venido anunciando como una película que, al igual que la novela, removería los cimientos de la Iglesia Cristiana y de la Humanidad en general. Sin embargo, las supuestas revelaciones “contra-católicas” no resultan novedosas. Ideas como las de afirmar que Jesús sólo fue un hombre común y que además tuvo descendencia con María Magdalena; ya han rondado en prédicas de otras religiones y en las páginas de autores como el ruso Nikos Kazantzakis o los ingleses Michael Baigent y Richard Leigh. Por ello, estarían explicados los continuos juicios que ha tenido que enfrentar Brown por plagio.

No se puede negar que las mencionadas especulaciones (llámelas leyendas populares) no dejan de remover el interés y crean intriga. ¿A quién no le parecen atrapantes las deducciones de Robert Lagndon o Sir Leigh Teabing? Aquí entran en juego las abultadas ventas del libro de Dan Brown (que superan los 30 millones de ejemplares) y la gran taquilla que seguramente conseguirá la película de Ron Howard. No obstante, todas las deducciones (bien construidas, por cierto) tienen una base endeble: las travesuritas artísticas de Leonardo Da Vinci. Juegos: Sólo eso. ¡Vamos! ¿Qué utilidad tendría, por ejemplo, escribir libros de derecha a izquierda?

Otra disfunción la hallamos en la aparición abusiva de símbolos en casi todos los diálogos. La superposición forzada de todos ellos se percibe tan huachafa como esta conversación entre los protagonistas: --los Caballeros Templarios usaron como pantalla el mandato de recuperar los lugares santos. Lo que realmente querían era proteger el Santo Grial … Por ello, la Iglesia los mandó a matar un viernes trece--.--¡El día de mala suerte!--

Todo esto nos hace especular que el multimillonario Dan Brown ha metido en una cacerola toda clase de argumentos punzantes sólo por el hecho de serlo. Además, éste los ha mezclado con una historia, entretenida, es verdad, pero que más se asemeja a aquellos libritos infantiles de “Resuelve el misterio”. Por si fuera poco, el autor incurre una serie de clichés fastidiosos propios de los Best Sellers. De esa manera, comenzando por que el título del libro recoge el nombre del más famoso pintor de la historia y siguiendo por los hábitos franciscanos de Silas (que, como si estuviésemos en el siglo XVII, ridículamente deben caracterizar a cualquier monje); se puede afirmar que el contenido cognoscitivo del libro y la película es realmente pobre y que cualquiera se da cuenta de ello.

De igual forma podemos encontrar, en el rol protagónico, a un galán con claras reminiscencias a Indiana Jones o a un fofo recorrido turístico (¡cómo si Francia sólo fuese la Torre Eiffel o el Museo del Louvre!). No obstante, la película de Ron Howard desintoxica algunas de estas disfunciones. El director convierte los espacios en sitios oscuros y confusos. Por otro lado, Howard transforma a Lagndon, en un personaje que, si bien sigue siendo plano, se muestra más creíble que el de la novela.

Pero hay que ser justos. Parte del crédito lo tiene la interpretación de Tom Hanks. Él, junto a Audrey Tautou, Jean Reno y Paul Bettany son los mejores componentes de esta mediocre película. Las actuaciones. Sí. Podríamos hablar de una cinta de actores. Lástima que el guión no haya dado para más. Estos muchachos sí podían.
Josué Aguirre Alvarado

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3/12/2006

p3k: pinocchio 3000


Pinocho 3000
Calificación: mala

H
abía una vez una mamá que había leído “Pinocho”, del escritor italiano Carlo Collodi, para comprobar si era cierto eso que decían los críticos de cine: “la película de 1940 realizada por Walt Disney se aleja mucho del espíritu del libro”. Y, en efecto, cuando la madre tomó el libro, pudo comprobar que algunas cosas variaban pero que éstas no contradecían los temas centrales; es decir, el arrepentimiento, el amor de padre a hijo y la amistad. De esa manera, se dio cuenta que la película de su infancia era buena (en una manera poco distinta al libro) y no dejó de entusiasmarse cuando se enteró del estreno de una nueva versión del libro de Collodi: “Pinocho 3000”, una producción canadiense que significaba el debut como director de Daniel Robichaud. Entonces la mamá llevó a sus hijos al cine.

Así, cuando comenzaron a proyectar la película, la madre se sorprendió con algunas variaciones como el uso de la animación por computadora y la ambientación futurista. A priori pensó éstas eran equivalentes a las que realizó Disney hace 65 años y, por ello, mantuvo las expectativas. Sin embargo, después vería algo que la comenzaría a desilusionar: Gepeto, el gran artista de la madera se había transformado en un tecnócrata que sin la ayuda de ninguna magia podía dar la vida a un pedazo de metal. Notó, además, que la famosa hada madrina que originalmente proporcionaba alma a Pinocho no tenía nada que hacer en esta obra más que darle un poco de comicidad al asunto.

No obstante, no pudo reflexionar demasiado porque sus hijos se empezaron a sentir un poco inquietos con los dibujos. ¿Y para que negarlo? Los personajes que aparecían en la pantalla eran antipáticos, poco amigables y demasiado puntiagudos. La madre inventó una respuesta que los tranquilizaría un momento: “son niños del futuro”. Sin embargo, nunca pudo explicarse a sí misma porqué en la película se odia gratuitamente el desarrollo de una gran metrópolis y se protege de modo tan ferviente de la naturaleza. ¿Ecologismo forzoso? En ese momento recordó que sus niños, como todos los que conocía, se han divertido más en un citadino parque de atracciones que en un solitario campo de cultivo.

Con todo, trató de equiparar mentalmente la historia que conocía con la que le estaba ofreciendo “Pinocho 3000”, pero no pudo. Y es que, en la versión original, se podían rescatar las figuras humanas de “Gepeto” y “Pinocho”, cosa que no ocurría con la película que estaban viendo. En ella, los conflictos personales eran dejados de lado en favor de interminables secuencias de acción. “Pinocho 3000” no estaba ahondando en las necesidades humanas de un anciano que quería tener un hijo que la vida nunca le pudo dar, ni tampoco en la psicología beligerante de un niño que debe descubrir qué es el bien y el mal y que debe aprender a no mentir.

De esa manera, en un determinado momento de la película, a Pinocho le comienza a crecer la nariz y los niños, cuando vieron eso, empezaron a hacer preguntas. La madre les explicó que la nariz le crece cuando miente y pensó que era el colmo. ¿Tan descuidados habían sido los guionistas al olvidar explicar la característica fundamental de la historia?

La función terminó. La madre camino a casa encontró, en una tienda de videos, la versión de 1940 de “Pinocho” y la alquiló para que sus hijos vean una buena película. Al cine no regresarían hasta que se exhibieran obras de mayor calidad artística como aparentan ser las cintas de animación “Valiant” o la nueva puesta en escena de “Walt Disney Pictures” y los estudios “PIXAR” (menos mal que se amistaron), “Cars”. Así trataron de vivir felices para siempre.
Josué Aguirre Alvarado

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the constant gardener



El jardinero Fiel
Calificación: Buena (por algunos detalles como la actuación de Ralph Fiennes)

P
arece que se ha vuelto una ley. Cada vez que se adapta al cine una novela de suspenso político, el guionista no descarta ninguno de los detalles que aparecen en el libro. Así, en complicidad con los directores, éste se pasa por alto la percepción del público. No considera que el espectador puede llegar a agotarse al recibir mucha información en poco tiempo. Hacerlo no es subestimar al público. En lo absoluto. Es descubrir que una novela está hecha para ser leída en varios días y con descansos estratégicos que permiten al lector procesar de a pocos la información.

El cine no. Este arte se ha hecho para representar historias que puedan ser apreciadas en menos de tres horas (con honrosas excepciones como “Dr. Zhivago”, de 200 minutos o “Lo que el viento se llevó”, de 220) Por ese motivo, exhibir todos los detalles de un libro de casi mil páginas como “La suma de todos los miedos”, de Tom Clancy, sin quitar ningún detalle, en una película de apenas 2 horas, puede causar un efecto contraproducente en el espectador promedio: hace que éste se desconecte de las secuencias explicativas y que se muestre a la espera de momentos de acción que le sirvan de descanso. Lamentablemente, en “El jardinero fiel”, en donde ocurre casi lo mismo, estos escasean. Aquí tenemos un grave punto en contra. Una mala adaptación.

Y realmente es una pena, porque teníamos entre manos una historia muy intrigante que venía por cuenta del autor inglés John Le Carré: Justin Quayle, un diplomático inglés (interpretado por Ralph Fiennes) se casa con Tessa (Rachel Weisz), una activista apasionada con acabar con la corrupción en su país. Juntos viajan a Kenia por cuestiones de trabajo y ahí la mujer descubre las atrocidades que están cometiendo poderosas empresas farmacéuticas británicas. Ella comienza a indagar y, para proteger a su marido, deliberadamente oculta sus averiguaciones. No obstante, tras su muerte, Justin comenzará a descubrir la verdad.

Con mucha buena voluntad (lo que nos lleva a centrarnos únicamente en la historia, despreciando la narración), se pueden extraer algunas cosas valiosas. Una de ellas es la contraposición del racionalismo, encarnado en las figura de Justin Quayle y de sus demás compatriotas ingleses; con el romanticismo, representado en Tessa (nótese que el nombre es de origen extranjero) y otros personajes que se muestran más sensibles como aquel que maldice sus genes latinos por no tener la dureza que esperaba.

De esa manera, lo más interesante del filme lo encontramos en la transformación paulatina de Justin Quayle que lo lleva a hallarse a sí mismo haciendo lo que su esposa consumaba a escondidas. Este proceso se ve finalizado en aquella secuencia en la que el protagonista pretende salvar a una niña aborigen con los mismos argumentos con los que su mujer había tratado de hacerlo antes.

En esta puesta en escena, la interpretación de Ralph Fiennes es la piedra angular. Y es que al actor le ha tocado uno de los trabajos más prolijos que película alguna haya requerido: primero, hacer una intro actuación (aparecer ante cámaras triste, pero fingiendo estar serio); segundo matizar correctamente la transición de personaje racional a completamente apasionado. Una genialidad.

De igual manera se podría comentar que a nivel técnico hayamos unos bien utilizados flashback que nos muestran acertadamente situaciones en alto contraste. Estos efectos constituyen el único soporte para que la atención del público no decaiga. Sin embargo, parecen ser reemplazados hacia la mitad de la cinta por una fastidiosa cámara temblorosa que cubre, sin razón aparente, hasta las pacíficas secuencias de conversación. Y es que el director de esta película, el brasilero Fernando Meirelles, parece creer estar filmando su anterior obra; “Ciudad de Dios”, película en la que por la acción constante, la viabilidad de los recursos técnicos estaba garantizada. Nada que hacer. Meirelles aún es un novato.
Josué Aguirre Alvarado

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the brothers grimm


Los hermanos Grimm
Calificación: Malísima
Una película decepcionante. Una chanfaina desabrida que deshonra la tradición oral germánica compilada y escrita por los hermanos Grimm. Y es que el director Terry William, realizador de los aclamados filmes de ciencia ficción “Doce monos” y “Brazil”, ha aceptado un guión que fusiona los archiconocidos “Rapunzel”, “La caperucita roja”, “La bella durmiente” (entre muchos otros relatos) en una especie de inducción Hollywoodense de la vida de los admirados escritores. ¿Una burla? Sólo basta mencionar a quines ha escogido para los roles protagónicos: Matt Damon y Heath Ledger.

De esa manera Jacob Ludwig Karl Grimm parece convertirse en un Jack (como Jack Black) y Wilhelm Karl, en un Will (como Will smith) y, en tono de aventura disparatada (lo que suena un tanto irrisorio por la seriedad con la que los autores realizaron sus trabajos a finales del siglo XVIII y principios del XIX), recorren pueblos alemanes estafando a gente temerosa de sus propias leyendas. En ese trajín se topan con las tropas de Napoleón -los malos de la película- y mil y un detalles fácilmente reconocibles para quienes hayan leído o escuchado alguno de los cuentos de estos escritores.

Esta trama tímidamente propone una pugna entre dos modos de percibir el mundo: la realidad (representada en las monedas) y la fantasía (representada en las habas mágicas). Estas dos visiones le son presentadas al más romántico de los hermanos. Él, al comienzo elige las habas, lo cual está bien porque el tono con el que se presenta la película es el de la fantasía. Sin embargo, inexplicablemente, después cambia los frutos por las monedas al proferir la siguiente afirmación: “Toda mi vida la he pasado estudiando el folklore. Ahora quiero hacer algo de verdad. ¡Quiero que me crean!”. Perplejidad. La película no nos transmite ninguna percepción valedera porque nunca se aferra a ninguna.

Y es que esta cinta padece de una grave crisis de identidad: No termina de definir si es que va dirigida hacia los niños o a un público adulto. De esa forma vemos que se desarrollan diálogos infantiles como “Me hice popó… Y yo me hice pipí” al mismo tiempo que aparecen groserías (que hasta el doblaje ha dejado pasar), torturas, cabezas amputadas y toda clase de elementos tétricos discordantes.

Parece que “Los hermanos Grimm” pretende ser por ratos una película de horror sin nunca llegar a serlo. Para ello, copia burdamente la estética de “La leyenda del jinete sin cabeza”, de Tim Burton. ¿Por qué? Porque “Los hermanos Grimm” es una película técnicamente muy descuidada, cosa que se aprecia en elementos como una iluminación tan mala que cualquier civil se da cuenta de que en las tomas nocturnas (que aparentan ser naturales) hay un potente faro lateral que ilumina las caras de los protagonistas.

En materia de recursos técnicos, no hay mejor halago que el de no ser percibidos. Y es que si los notásemos, sería a causa de que el efecto es incorrecto o innecesario. Tal es el caso de la animación por computadora, que también requiere de una cierta calidad que la haga pasar desapercibida. Sin embargo, esto no ocurre en “Los hermanos Grimm”. En esta película la animación está hecha de la manera más tosca posible. Nada que ver con un cuento de hadas.
Josué Aguirre Alvarado

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just like heaven

Como si fuera cierto
Calificación: Regular-buena
En 1990 se estrenó el filme de Jerry Zucker “Ghost: La sombra del amor”, una película que planteaba un argumento de apariciones no terroríficas que ya había sido expuesto anteriormente en comedias como “Los fantasmas atacan al jefe”, en 1988 o “El invisible Harvey”, en 1950. No obstante, en la obra de Zucker, este mismo componente se renovó al agregársele algo que en otros tiempos hubiese sido considerado repelente: una historia romántica. Pero no más. En Estados Unidos, las últimas décadas del siglo pasado constituyeron un giro copernicano en cuanto a parámetros cinematográficos. De esa manera, con la herencia de la Nouvelle Vague francesa, surgieron concepciones de mezcla de géneros, como es el caso de la mencionada tragedia fantasmagórica, y nuevas designaciones como “filmes románticos” o “Gore”, que derivaron de las estereotipadas “Drama” y “Horror”, respectivamente.

Así, a finales de la década de 1990’, las nuevas nominaciones se irían mezclando, a su vez, con el suspenso (relativamente reciente, también) y la comedia; géneros que comenzaron a armonizar de una manera conciente con los temas románticos en la película de Zucker. Recordemos que ésta introducía el misterio en la averiguación que realizaba el protagonista (Patrick Swayze) acerca de su nueva condición. De la misma manera, “Ghost: La sombra del amor” contenía algunas pizcas de humor a través de la participación de un personaje secundario (el que interpretaba Woopy Goldberg como una médium fanfarrona).

Los filmes románticos. Las comedias. El misterio. Tres géneros de distintas épocas que parecían haberse mezclado desde la década de 1940’, cuando Howard Hawks rodó “La adorable revoltosa”. Sin embargo, entonces no se consideraba una mezcla ¿Alguien sugeriría “Comedia romántica”? No. Por aquellos años, la película fue hecha pensando sólo en comedia. Y es que se ignoraba la alternativa del género Romántico; género que, como medio para mostrar las relaciones amorosas humanas, admite tanta asociación con otras variedades de cine como personajes que protagonicen sus películas. Y es que, a diferencia de otros tipos de filmes como los Bélicos, donde necesariamente se requiere una personalidad luchadora para el rol principal; en las películas románticas cualquier persona puede enamorarse. De esa manera vimos en anticipados ejemplos que un emperador romano se enamora de una soberana egipcia en “Cleopatra”, de Joseph L. Mankiewicz, o que una pobre florista se enreda sentimentalmente con un señor de la alta sociedad en “My fair lady”, de George Cukor. ¿No sería raro, entonces, que en “Ghost: La sombra del amor”, un humano siga enamorado de su novio, aún cuando éste sea un fantasma?

En “Como si fuera cierto” ocurre algo similar. Su director, Mark Waters, aunque se centra en lo fantasioso y lo cómico, ejemplifica de manera acertada la diversidad de relaciones que admite el género romántico. No obstante, en comparación con “Ghost: La sombra del amor”, “Como si fuera cierto” posee algunas deficiencias que le impiden consagrarse como una obra representativa en su clase. Y es que, mientras en la película de Zucker se respetan las partes líricas dándoles un tiempo apropiado; en la obra de Waters éstas son recortadas. Todo ocurre demasiado rápido.

Es verdad que la historia entretiene pero, por su ligereza, es difícil que perdure en la mente del espectador y que sus secuencias se transformen en íconos como aquella escena erótica que protagonizan Patrick Swayze y Demi Moore mientras preparan un jarrón.

En “Como si fuera cierto”, el 80% de la historia se muestra en menos de la primera media hora: Un desafortunado sujeto que acaba de enviudar (Mark Ruffalo) se muda a un departamento donde comienza a recibir la visita espectral de la antigua dueña (Reese Witherspoon) y que no recuerda que es lo que le ocurrido.

El resto de la película lo conforman una serie de gags efectivos, para qué negarlo, con algún que otro giro interesante. Giros que descargan la trama y que la salvan de convertirse en una melosa historia de amor. Así pues percibimos que el clímax de la película no está en un desperfecto con la relación como ocurría en las melosísimas “Amor en Juego” o “Todopoderoso”, sino en un asunto incidental.

Además, la película tiene puntos a favor como la actuación de Reese Witherspoon en un papel que le viene como anillo al dedo por similares representaciones en películas como “Legalmente rubia”. Ahora, en este punto es preciso alabar la actuación de Mark Ruffalo que, aunque no deja de parecer un hombre duro de “Collateral”, no teme soltar algunas lágrimas por ahí. ¿Cómo si fuera cierto? Vale la pena verlo con sus propios ojos.
Josué Aguirre Alvarado

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2/27/2006

jarhead

Soldado anónimo
Calificación: Muy buena

“Apocalipis ahora”, de Francis Ford Coppola”; “Pelotón”, de Oliver Stone y “La chaqueta metálica”, de Stanley Kubrick: tres filmes anti-bélicos que se convirtieron en objeto de culto por rechazar aquellas facetas de la guerra que convertían en héroes a los ejércitos para mostrar, más bien, a hombres torturados anímicamente con la idea de la violencia. Así, en estas tres películas, se dejaron de lado los ideales titánicos que mostraban directores como Howard Hawks en “Sargento York”, Brian G. Hutton en “El desafío de las águilas”; o hasta John Wayne con su controvertida “Las boinas verdes”. Y es que en esta trilogía de “guerra contra la guerra”, se expuso con dramatismo el proceso de conversión de un ser humano en máquina de matar.

No quiero expresar que alguna de las tres películas mencionadas es más profunda que otra. Sin embargo, tengo que confesar que simpatizo más con “La chaqueta metálica”, un filme al que he llegado a apodar cariñosamente “la chaqueta de Kubrick”, porque con él, el director se vistió de gala para recibir sus últimas nominaciones en vida (recordemos que injustamente que el premio siempre le fue esquivo). Y es que “La chaqueta metálica”, sin dejar de alabar los trabajos de Stone y Coppola, contiene, a mi modo de ver, la historia más personal y menos pretenciosa de la trilogía. De esa manera vemos que el protagonista de esta cinta, “guasón”, como soldado ostenta (por decisión propia) el puesto menos emocionante dentro de la guerra: periodista de batalla.

Caso similar ocurre con Swofford (interpretado por Jake Gyllenhaal), el personaje central de la película “Solado anónimo”, de Sam Mendes (laureado director de “Belleza americana” y de “Camino a la perdición”). Aquí, el protagonista llega a la Guerra del Golfo creyendo que es útil pero pronto descubrirá, junto a sus compañeros entrenados por años para disparar un rifle de precisión, que han sido sustituidos por aviones bombarderos. Por ello, se mantienen en inactividad. No ganan medallas ni reconocimientos (como tampoco las ganaría “guasón”). No tienen ni voz no voto. Ellos son “soldados anónimos”, aunque preferirían llamarse “Jarhead”, como el título original de la cinta.

“Jarhead”. Cabeza de jarro y cabeza rapada (sin ninguna alusión a los “skinhead”); dos connotaciones. La primera corresponde a la inexperiencia, un apodo que se les impone a las tropas que no entran en batalla; es decir, como el líquido llena al recipiente, la violencia debe satisfacer sus mentes. No obstante, tras la historia que nos narra el protagonista, el sobrenombre adquiere una segunda acepción. Y es que sin ser útiles en la guerra, estos jóvenes se sienten como un depósito vacío. Por otro lado, el significado “cabeza rapada” hace referencia al llamado bautizo militar: el corte de cabello. Recordemos que en “La chaqueta metálica”, se representa bien este momento en la secuencia inicial: jóvenes reclutas sentados en la peluquería del ejercito mientras suena una triste canción que reza “…adiós hogar y hola Vietnam”. De la misma manera, en “Solado anónimo”, se representa este trance mediante el proceso inverso; es decir, el crecimiento del cabello en el retorno a la sociedad.

Pero la cinta de Mendes puede diferenciarse radicalmente del trabajo de Kubrick, pues en “Soldado anónimo” no hay crítica contra la guerra. En el filme, el director parece querer evadir este punto para plasmar una simple historia de personaje: un chico que se acostumbra de manera irreversible a vivir con sus amigos “Marines”. La crítica es, más bien, social y sólo se aprecia cuando los personajes parten y regresan a casa, un marco que se refleja en las palabras que abren y cierran el filme: “...uno puede construir una casa, (…) cambiar un pañal; pero sus manos nunca van a olvidar las armas que disparó en la guerra”.

De más está decir que en “Soldado anónimo” no se hallan largas y recurrentes secuencias de acción al más puro estilo de “Rambo”. Al contrario, los “flop point” llegan muy tarde y de manera tan discreta que es imposible detectar el clímax principal de la película. Esto podría constituir un punto en contra si se tiene en mente la estructura tradicional de cualquier historia (inicio, conflicto y desenlace). Sin embargo, personalmente detecto que la trama ha sido diseñada así para recrear la ausencia de emoción que sufrieron los soldados en una guerra en la que triunfaron, pero que no ganaron.
Josué Aguirre Alvarado

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zathura: a space adventure

Zathura

Calificación: regular (buena para verla en familia)

¿Para qué engañarnos? Sí usted ya vio “Jumanji”, de Joe Johnston, “Zathura” no le va a parecer nada original. Y es que el argumento central sigue siendo el mismo (un par de niños juegan un extraño juego de mesa que los transporta mágicamente a una fantástica aventura espacial), razón por la cual al proyecto cinematográfico, antes de comenzarse a rodar, recibió el nombre de “Jumanji 2”. Sin embargo, y en vista de que se perfila como una película sana y para verla en familia, uno podría conformarse con la originalidad de la historia secundaria. ¿Bastará?

Dos hermanos muy distintos entre sí acaban de sufrir el divorcio de sus papás. Así, un día cualquiera deben quedarse solos en casa de su padre (Tim Robbins) mientras éste sale a trabajar. Entonces, se inicia lo ya sabido con anterioridad. Fantasía: una fórmula que, de la misma manera que “Jumanji”, nos hace acordar a “Las crónicas de Narnia”, con la diferencia de que aquí no es un ropero el objeto que nos transporta a un mundo fabuloso sino un juego de mesa.

Un juego de mesa distinto a “Jumanji”, además. Y es que mientras éste transportaba a un mundo de animales salvajes y cazadores de la sabana africana; “Zathura” traslada ni más ni menos que al espacio sideral. Por ello, usted no debe tomar a esta cinta como una copia de “Jumanji”, sino como un remake creativo o como una nueva adaptación. Considere que ambas películas se llevan diez años de diferencia y que la gran mayoría de niños (porque a ellos va dirigida la cinta) no vivían para entonces.

Además, hay que tener en cuenta que en esta última década hay cosas que han mejorado, como la animación por computadora. Así, usted debe sincerarse: ¿Qué le parecían aquellos monos que se robaban el automóvil de policía en “Jumanji”? ¿bestias digitalizadas? En “Zathura” no ocurre lo mismo. La animación ha evolucionado tanto que, si es que no fuese porque las cámaras no pueden viajar al espacio exterior, juraríamos que los escenarios son reales.

Desafortunadamente, hay cosas que no progresan a pesar de la tecnología. Así encontramos actuaciones un tanto mediocres como las de unos sobreactuados Jonah Bobo, Josh Hutcherson, una insípida Kristen Stewart y un poco simpático Dax Shepard; muy lejano a Robin Willliams, que tuvo casi el mismo papel en la versión original de “Jumanji”.

La crítica internacional ha sido particularmente dura con esta película. Dan dos razones: la primera, porque ha sido dirigida por Jon Favreau, un actor poco exitoso que no ha demostrado mucha pericia como realizador cinematográfico; la segunda, por la falta de imaginación y el parecido a “Jumanji”, que ya venimos advirtiendo desde el comienzo. Usted puede tomar esto en cuenta, si lo desea. Particularmente creemos que con toda la familia podría pasar un buen rato con “Jumanji”, perdón, “Zathura”.
Josué Aguirre Alvarado

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2/26/2006

der untergang

La caída

Calificación: Obra maestra

H
iel Hitler!, Bruno Ganz.
En tantas cintas sobre las atrocidades del nazismo (como “La lista de Schindler” o “El pianista), el führer ha adquirido innumerables caracterizaciones que han coincidido casi siempre en mostrarlo como un ser quimérico. Valdría la pena exceptuar de este grupo a aquella puesta en escena del Gran Charles Chaplin: “El gran dictador”, una caricatura anticipada a las acciones del dictador alemán. Igual mención posee el telefilme del canadiense Christian Duguay “Hitler: El reinado del mal”. Esta última obra se caracterizó por humanizar al personaje al exponer su vida íntima, virtud que ha recogido “La caída” para agregarle, no obstante, una de las mejores caracterizaciones de personaje en la historia del cine: la de Bruno Ganz como el Führer. Hitler ha reencarnado.

Y es que el actor, aunque de origen suizo, más que estudiar los discursos públicos del dictador (donde siempre se mostraba sólido), se valió de una cinta magnética de siete minutos en la que Hitler conversaba después de cenar sin saber que estaba siendo grabado. De ese momento casi mágico de honestidad, Ganz construye a un personaje humano, paternalista; vulnerable, aunque no menos guerrero. Un luchador. Así se muestra el führer en aquellas geniales secuencias en las que se reúne con sus generales y poco a poco su impotencia lo va haciendo evolucionar hasta llegar a decir cosas cada vez más incoherentes. Estos fragmentos de película, vale decir, no tendrían el mismo impacto si es que no estuviese ahí Ganz medio despeinado, soltando babas y moviendo la cabeza en una suerte de convulsión explosiva que no hace más que confirmar la naturaleza irascible de su personaje.

Hitler está furioso y razones no le faltan. En esta historia, él es un rey que, dentro de un tablero de ajedrez, juega su destino y el de su país únicamente con dos peones. Para colmo de males siente que lo traicionan sus generales. Pero ¿lo traicionan en verdad? “La caída” nos plantea esta interrogante: Hitler es un hombre romántico que ha dado su vida por un ideal (aunque condenable). Para él es fácil quitarse la vida al confirmar la imposibilidad de su realización. Sin embargo, otros subordinados suyos constituyen la pareja de opuestos: son racionalistas. Saben que la guerra está perdida, que han peleado hasta que han podido y tratan de no hundirse más; creen que su vida y la de su nación tiene algún valor. No ocurre lo mismo con Hitler y sus acérrimos seguidores. Para ellos la vida humana, tal cual lo plantea el filósofo Hegel, es un eslabón dentro de la cadena evolutiva en la que los más débiles (los nazis se han resignado ante la creencia de que son ellos) no merecen vivir.

Por ello el drama del suicido se plantea extensamente a lo largo del filme; tanto, que se convierte en parte de la cotidianeidad de la película y transporta a secuencias como aquella en la que Hitler le regala a sus secretarias una cápsula con veneno mientras que intenta bromear diciendo: “siento mucho no poderle hacer un regalo mejor”. Y es que ante la caída inminente del régimen, el suicidio se plantea como la única salida y el último triunfo. No obstante, nótese que paradójicamente todos temen al proceso de la muerte; es decir a una agonía lenta y dolorosa, que simbólicamente significa vivir en un mundo sin “nacionalismo”. Por ello, los personajes se matan de la forma más rápida posible. Los nazis sólo quieren huir. Y Hitler parece encabezar este grupo de cobardes.

Pero no hay que confundir las cosas. El director Olivier Hirschbiegel no pretende ser un juez. Más bien, trata de ser imparcial e intenta mostrarnos los hechos de la manera más real posible. Por lo tanto, la actitud de Hitler no la inventa él, la recrea a partir de un documento histórico (el diario de una de las ex secretarias del dictador). Así podemos decir que el realizador alemán nos narra una “anti epopeya”. No hay héroes, dioses ni entes sobre naturales: todo lo contrario, los personajes son reales y se enfrentan ante otra realidad.

Hirschbiegel además tiene la virtud de introducir al espectador en el mismo búnker donde se desarrollan las acciones; un lugar que por estar bajo tierra simbólicamente adquiere dos significados. Primero, el de una madriguera, pues este refugio representa el escondite de un animal salvaje ante de un agresor superior. Segundo, el del infierno, pues el búnker, ante el constante bombardeo de las tropas invasoras, se convierte en el lugar más espantoso del mundo.

Pero no es que el espectador esté oculto las dos horas y media que dura el filme en ese lugar. Hirschbiegel sabe cuándo sacarlo de ahí para evitar que las amplias deliberaciones lo aturdan. Así, una secuencia de acción o una toma panorámica del devastado Berlín se convierte en la excusa perfecta para asomar cabeza y presenciar la imponente ambientación. Detalles: van desde los minuciosos acabados de la vestimenta hasta las coberturas que impedían que un automóvil sea presa de un bombardeo aéreo por tener demasiadas luces.

Blitzkrieg
La guerra ya está decidida. Deliberadamente se han obviado seis años de batalla y una infinidad de historias personales de judíos en un campo de concentración. Estos son temas interesantes, fácilmente manejables; no como el que escogió Hirschbiegel, una historia particularmente difícil de manejar por la escasa documentación que existe al respecto y por lo poco acostumbrado que podría hallarse un público sediento de emoción y aventura ante esta clase de tramas decadentes.

Josué Aguirre Alvarado

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cheaper by the dozen 2

Más barato por docena 2
Calificación: regular
Lo mejor: Steve Martin y Eugene Levy; dos comediantes que saben sacarle el jugo a guiones tan mediocres como el que posee esta película. No ocurre lo mismo con actores como Tom Welling, Piper Perabo, Hilary Duff o Carmen Electra; una colección de famosos que, si bien tiene el mérito de no haberse separado después de la primera parte, no hace más que constituirse como un insípido coro anónimo que no perdura. Por eso es posible afirmar que Martin y Levy (que vuelven a compartir créditos después de “El padre de la novia”), a nivel de actuación, se han convertido en verdaderos conductores de la comedia.

De ese modo, los pocos momentos graciosos en el filme son de ellos. Y aunque éstos no sean más que situaciones trilladas como la típica secuencia en la que los personajes son confundidos como homosexuales; Martin y Levy se las ingenian para arrancar algunas carcajadas. Porque ¿a veces no ocurre que un chiste viejo de pronto se vuelve gracioso en boca de alguien que lo sabe contar?

“Más barato por docena 2” es la historia de Tom Baker (Steve Martin) que, tras el anuncio de la mudanza de dos de sus hijas, decide hacer un viaje junto a su familia con la melancolía de que va a ser la última vez que tomen vacaciones juntos. Sin embargo, al llegar a su destino, la situación se convierte en una competición contra sus adinerados vecinos que pronto incluye a todo su clan.

La película, basada en la novela de Frank Bunker Gilbreth Jr., a simple vista puede ser apreciada como una crítica a favor de las costumbres familiares que parecen estar quedando obsoletas. No obstante, también puede tomarse como la lucha entre dos ideologías que dominan el pensamiento estadounidense: el liberalismo, encarnado en la figura de Tom Baker y la dictadura, representada por el insoportable vecino Jimmy Murtaugh (Eugene Levy). Nótese que no es casualidad que el primero tenga un apellido anglosajón y que el segundo no.

El final de la historia principal se anuncia desde el comienzo. Por ello, es un poco más intrigante advertir cómo se desenvuelven tramas secundarias como el enamoramiento de la pequeña hija de Tom, Sarah (interpretada
Alyson Stoner). Precisamente, vale comentar que con esta niña, Martin protagoniza una de las secuencias más divertidas del filme: la planificación de una broma al vecino.
Josué Aguirre Alvarado

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toolbox murders

Terror en el piso 13
Calificación: Buena

Pocas películas de terror estrenadas en nuestro medio han sido tan efectivas en términos de espanto como “Toolbox Murders”, la última película del veterano director Tobe Hooper. Con esta cinta, que constituye un remake de la controversial setententera “The Toolbox Murders” (un filme al que se le reprocha el exceso de violencia gratuita); el realizador alcanza la originalidad creando toda una atmósfera propia del suspenso que mezcla de a pocos con el más sangriento estilo gore.

Esto no es una improvisación. Hooper, aunque menos conocido que sus colegas Wes Craven o John Carpenter, ha demostrado su pericia en el género del terror con cintas como “La masacre de Texas”, de 1974 o “Poltergeist”, de 1982. Sin embargo, no se puede afirmar que la totalidad de su obra es una joya cinematográfica. En la década de 1990’, películas como “The apartment complex” o “El cocodrilo”, hicieron que su filmografía decaiga con relación al nivel que había mostrado años atrás. Pero ahora, con filmes como “Toolbox Murders”, todo parece quedar atrás como una mala racha. Ahora se puede señalar que Hooper ha regresado a lo bueno.

La historia se desarrolla en un hotel de sólo seis pisos (lo que contradice enteramente la nefasta traducción “Terror en el piso 13”). La cámara se interna en el edificio desde una primera escena; ingresa por el lobby, sube el ascensor y entra a una habitación. A partir de ese momento, la máquina no vuelve a salir jamás. Nunca. Como espectadores parecemos encerrados por el director dentro de un espacio aparentemente cordial pero que tiene en las entrañas algo diabólico. Y este “algo” se va poniendo al descubierto poco a poco, en el momento preciso y de manera cuidadosa para no que no llegue a volver inmune al espectador, como suele ocurrir en las típicas películas de horror.

De esa forma, es preciso señalar que Hooper nos asusta sin depender de los recurrentes golpes de sonido. Y es que el director explota todas las formas posibles; desde lo repulsivo (como la cara del villano) hasta las provocadas incoherencias con las que rompe la clásica manera de ver una película de terror. En este último punto no hay mejor ejemplo que aquella secuencia en la que una de las víctimas ve cómo se abre misteriosamente la puerta de su habitación mientras el asesino irrumpe contra todo pronóstico por una ventana.

Asimismo, los detalles narrativos son una delicia. Se alternan paralelamente las historias de los vecinos de piso con una trama principal y, como si fuera poco, también se le entremezcla la leyenda del desaparecido dueño del edificio. De esta manera se va terminando de retocar esta casi perfecta obra que hizo que Hopper –posiblemente muy cansado- renuncie a la tarea de buscar herramientas aterradoras para exhibir sus propios instrumentos en la pantalla grande.

Vale comentar además que “Toolbox morders” ofrece una visión distinta a la que brindan las películas Norteamericanas. Y es que en este filme, la tradicional concepción de equipo se destruye en favor de una narración más realista que tiene al hombre como a un ser egoísta por naturaleza. Así, cuando cazan a uno de los compañeros en medio de una excursión, nadie regresa a salvarlo; más bien, el que puede huye para no se atacado. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Eso haríamos en la realidad?
Josué Aguirre Alvarado

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2/23/2006

la mujer de mi hermano

La mujer de mi hermano

Calificación: buena

“Y el menos malo es…” Esta parece ser la decisión que deberá tomar la protagonista del filme; Zoe, interpretada por una radiante Barbara Mori. Y es que este personaje se va a entregar, por decirlo de un modo, como un premio a uno de dos hermanos. Lo interesante es que uno de ellos es su esposo Ignacio (Christian Meier). Él lleva consigo un secreto que le impide convertirse en el hombre perfecto. Sin embargo, en comparación con su consanguíneo Gonzalo (Manolo Cardona), que con su apariencia descuidada y su lujurioso estilo de vida personifica al demonio mismo; Ignacio es un santo. Su modo de vestir, su nombre de mártir y la música que oye son reminiscencias a lo divino.

Zoe, por otro lado, representa a la humanidad en sí: a la voluntad racional que oscila entre ambos caminos. ¿El del bien y el del mal? No. Aquí debemos considerar que, a Jaime Bayly, siempre le ha interesado (con la sexualidad de por medio) mostrar a los seres humanos como un compuesto de bondad y maldad. Por ello, si al comienzo todo se veía en blanco y negro -siguiendo con esta analogía- al final el gris predomina.

¿O deberíamos decir el celeste? Sí. En términos técnicos, el color celeste tiene cierta predominancia con respecto a los demás colores a lo largo de la película. Y es que esta tonalidad vuelve más frías las atmósferas y carga las acciones que acontecen de un pesimismo absoluto. Pero, ciertamente, ésta no es la única connotación que tiene el celeste. Si nos metemos al plano narrativo podemos decir que este color es el mismo que poseen las aguas de la piscina de la casa de Ignacio y Zoe; un lugar común que une y desune a los protagonistas, que siempre permanece bien cuidado y que hasta sirve como un escape ante la impotencia. También es un espacio en el que, al principio del filme, Ignacio rescata a un insecto y dice una frase que bien podría ser aplicable a la condición de su hermano y de su mujer: “Qué sería de ti sin mí”.

Pero centrémonos en la estética. Y, ya que hablamos del uso de los colores. ¿Por qué no decir algo sobre el uso de la luz, la duración de cada plano, los encuadres, los decorados? Por que todo parece ser un plagio de un estilo cinematográfico japonés que parece no cuajar muy bien con las maneras latinoamericanas. ¿Será por culpa del debutante director peruano Ricardo de Montreuil o será una imposición de la multimillonaria productora “Twenty Century Fox”? No lo sabremos. Pero lo que queda claro es que el dinero sobró y, a causa de ello, no faltaron algunas contrataciones intrascendentes como la de Beto Cuevas o la de Angélica Aragón: una estrategia de marketing. Taquilla. Cualquier otro actor sin ser tan famoso pudo haber llevado mejor papeles tan secundarios.

Con todo, no se puede dejar de mencionar que la historia atrapa de principio a fin, que los nudos son fuertes y que los personajes centrales están bien constituidos. La dirección de actores también es digna de reconocimiento y, aunque Bayly proteste (porque seguro que habrá metido su cuchara), hay que decir que a la película tiene el mérito de no mostrar ni una parte íntima del cuerpo en sucesivas y largas escenas eróticas que, sin embargo, no pierden ningún contenido lírico.

Ahora, también hay que mencionar algunos desaciertos como aquel horroroso dejo de mexicano que ha tenido que asumir cada actor. Y es que ninguno de los protagonistas es azteca: Mori es uruguaya; Meier, peruano y Cardona, colombiano. ¿Homogeneización? Horrible. La película pudo evitar este lenguaje vulgar porque su tono era más refinado y menos poblado de esas jergas que nos recuerdan a una telenovela mexicana.
Josué Aguirre Alvarado

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fever pitch

Amor en juego
Calificación: mala

L
a película acaba y el espectador se queda con algunas preguntas: ¿En realidad se enamoraron los protagonistas? ¿Qué es lo más importante: la trama del romance o un homenaje a los “Red Sox”? Pobre. Qué mala pasada le han hecho los directores Peter y Bobby Farrelly con esta cinta. Y eso que ya tienen experiencia y algunos aciertos en el género de la comedia romántica como “Loco por Mary” o “Ciego amor”.

“Amor en juego”. Todo parece querer ser un juego; el juego de hacer una película de Hollywood y de olvidarse de detalles importantes como el de plantear una trama con un nudo fuerte y hacer un “Home run”, en términos de deporte gringo. Y es que aquí se ha planteado una historia basada en un comienzo y un final empolvado por los siglos: “había una vez… (coloque una argumento banal)… y vivieron felices para siempre”.

Además, falta justificar algunas cosas como la reconciliación entre los protagonistas que se percibe tan repentina y tan pomposa que, después de una decisión tan terminante por parte de la chica, podría representar una cachetada para el espectador.

No obstante, la película tiene dos cosas buenas: lo primero es la belleza de Drew Barrimore, sólo su belleza. Sabemos que semejante afirmación le representa un estigma que la actriz ha querido desechar en filmes como “Confesiones de una mente peligrosa”. ¿Lo logrará? No lo sabemos. En todo caso, esta película le ha supuesto un retroceso en sus ambiciones. Lo segundo son algunos pocos golpes de humor que arrancan ligeras carcajadas. ¡Pero ojo! Sólo algunos; es decir, los que no protagoniza Jimmy Fallon, que se ha empecinado en contar miles de chistes malos y hacer tantas payasadas que se vuelve francamente odioso.

De al misma manera, algo que le queda muy mal a la película es el narrador, el viejito que vende esponjas. Él es un personaje simpático. No lo negamos. Sin embargo, no pinta ningún mono en la película y, por ello, no posee la suficiente autoridad como para hablar de la vida del protagonista.
Josué Aguirre Alvarado

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2/22/2006

the chronicles of Narnia

Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el ropero
Calificación: Buena y un poco más

H
ace seis décadas, C.S. Lewis y J.R.R. Tolkien se reunían en un bar de Oxford para conversar de literatura y escribir una serie de libros de aventura y fantasía con la que tomaron la posta a Oscar Wilde y a Rudyard Kipling. Pero no sólo hicieron eso. Mediante la ilusión y la introducción de mundos mágicos dotaron al género de una utilidad antes no imaginada: la de escape temporal a la devastación que significó la Segunda Guerra Mundial. De esa manera se originó la “Tierra Media” y “Narnia”.

Aunque parezca raro, en la actualidad, el contexto no es tan distinto al de la época de Lewis y Tolkien, ya que el conflicto de Oriente Medio ha ocupado el lugar de la guerra del mundo y, en contraposición, autores como J.K. Rowling se encargan de llenar la vida de magia. Y ¡Vaya coincidencia! Dos cineastas neozelandeses (Peter Jackson con la saga de “El señor de los anillos” y Andrew Adamson con “Las crónicas de Narnia”) parecen coincidir en su pretensión de darle espacio en el séptimo arte a las aventuras fantásticas de los antiguos amigos del bar.

Lewis y Tolkien. Ambos han plasmado características comunes en sus obras. Una de ellas fue la creación de mundos ajenos al espacio y tiempo en el que vivimos. Otra es la introducción simbólica de temas religiosos. Ejemplo de ello leemos en “El señor de los Anillos” que a Frodo se le encarga una misión muy similar a la de Jesús y sus apóstoles. De la misma manera, en “Las crónicas de Narnia”, podemos ver cómo el león se sacrifica por los suyos de la misma manera en la que lo hizo Cristo.

Pero, por otro lado, Tolkien y Lewis tenían elementos distintivos. Por ejemplo: Tolkien crea sus personajes basándose en el folklore europeo, en obras como el poema épico alemán el “Cantar de los nibelungos” que narra la historia de un guerreo que se apodera de una espada mágica, tal como el anillo de la historia. Lewis, por el contrario, introduce directamente personajes de la mitología griega como Faunos y minotauros a la par que introduce animales comunes y silvestres que parecen estar vedados en la obra tolkieniana.

La película
Ya habíamos hablado del horror de la II Guerra Mundial y el escape que la fantasía implica. Para Lewis el escape debe darse por medio de una transición lógica para que esté al alcance de todos (al contrario de Tolkien, que iba de frente al grano). De esa forma vemos que la historia se inicia con la guerra real de la que los protagonistas escapan para introducirse en un mundo ficticio. Y, una vez inmersos ahí, la guerra les sigue los pasos en “Narnia” de una manera limpia y más honorable que el cobarde bombardeo Nazi del que escapan al comienzo del filme.

Pero una batalla es una batalla, al fin y al cabo. Y, como tal, es normal que la gente muera o que salga herida, cuando menos. La adaptación cinematográfica aquí peca de ser demasiado blanca. Quizá ocurra porque la productora Disney tiene que cuidar un mercado. Sin embargo, lo cierto es que en todas las secuencias de lucha no se aprecia ni una sola gota de sangre.

Ahora, este es un detalle mínimo que no le quita mucho brillo a la película, pues no parece faltarle nada a excepción de un tránsito más pausado que de coherencia a la conversión de los niños en guerreros; ni sobrarle nada a excepción de unos castores demasiado gratuitos que nos hacían recordar a la odiosa ardilla de “La era del hielo”. Hay otras cosas buenas que posee el filme. Así, podemos mencionar la excelente participación de Georgie Henley en el rol de la pequeña Lucy, una carita de ángel de la cualquiera se enamora. También valdría la pena nombrar a Skandar Keynes interpretando al hermano “malo”, bien escogido por sus características físicas oscuras y su mirada agria.

Josué Aguirre Alvarado

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the door in the floor

Una mujer infiel
Calificación: Muy buena

E
l archiconocido escritor John Irving debe estar contento. “Una mujer difícil” es la tercera novela suya que es adaptada a la gran pantalla. Sí, una parte de su obra publicada en 1998 le ha servido al director Tod Williams para rodar su segunda cinta después de haber sido seleccionado en el festival de cine independiente de Sundance con “The Adventures of Sebastian Cole”. Estamos hablando de “Una mujer infiel”, un filme que, según The New York Times, puede considerarse como “una de esas escasas películas que son mejores que el libro en el que se basan".

“Una mujer infiel” nos trae la historia de un campechano escritor (Jeff Bridges) que, tras la muerte de sus dos hijos en un accidente automovilístico, comienza a sentir que su matrimonio se desgasta a tal punto que toma la decisión de renunciar a su esposa (Kim Basinger). En ese momento, un personaje entra en sus vidas: un joven aspirante a escritor (Jon Foster).

Pero, ¿por qué se dice que “Una mujer infiel” puede considerarse como una película mejor que el libro en el que se basa? Antes de responder, debemos hacer una acotación: ninguna obra de arte puede ser mejor que otra, sólo puede ser distinta. No obstante, si hablamos en términos de expresividad, sí es posible expresar que una es más competente que otra; “Una mujer infiel”, en este caso. Y es que el filme posee una excelente composición de personajes que va perfectamente complementada por un duro trabajo de guión y una buena selección de actores.

De esa manera apreciamos a un inigualable Jeff Bridges algo subido de peso, con una apariencia descuidada, vestido con bata e interpretando a un escritor de comportamiento romántico que irónicamente sólo escribe cuentos para niños. La aparición de este personaje (en torno al cual gira toda la historia) tiene doble significado. Por un lado, representa al arte mismo y por eso lo percibimos indeciso, libre, indefenso, sencillo. Por otro lado, su comportamiento es el de un niño, el del protagonista de su propio cuento que, a propósito, concede el título original a la cinta “The door in the floor”. Es por ello que podemos ver en él a un personaje juguetón (el único que aporta comedia a la cinta), a un ser que no teme desnudarse de las dos maneras posibles: físicamente, al tomar una ducha frente al joven escritor; y espiritualmente, al narrar la historia de la muerte de sus dos hijos.

A propósito, vale la pena mencionar que el clímax de la película consiste únicamente en la narración de aquel acontecimiento: pero una narración pura. A un lado quedan los acostumbrados flash back, las voces en off u otros recursos audiovisuales. Y es que el director parece haber querido que la película, más que basada en una obra literaria, sea un homenaje hacia el oficio de narrador oral y literario.

Sin embargo, esto no quiere decir que los elementos cinematográficos se vean despreciados. Su aparición sigue siendo importante y eso se nota en tomas misteriosas como la de aquella una luz direccional que acompañará el desarrollo del filme. Esta imagen, que al principio puede ser entendida como un “seguir adelante” o un “cambia de rumbo”, no perderá significado hacia final, mas nos sorprenderá de donde ha sido extraída.
Josué Aguirre Alvarado

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2/21/2006

In her shoes

En sus zapatos

Calificación: buena

Tras una corta pero admirable filmografía que incluye títulos como “L.A. Confidential” u “8 millas”, Curtis Hanson nos trae una nueva película; un lío de faldas entre dos hermanas con vidas opuestas. Una de ellas es Rose Feller (interpretada por una inmejorable Toni Collette), una mujer con tan baja autoestima que llega al punto de regalarse a sí misma zapatos porque considera que es lo único que le queda bien. La otra hermana es Maggie Feller, una chica rubia, guapa y conquistadora cuya vida es un completo desorden. ¿A alguien se le ocurre mejor actriz que Cameron Diaz para este papel?

Posiblemente no. Y es que todos hemos visto el lado divertido de Cameron Diaz en cintas como “Los ángeles de Charlie” o “La cosa más dulce”. Pero ahora, en “En sus zapatos”, presenciamos la parte oscura de aquella vida libertina; un modo de vivir que en la realidad ocasiona muchos conflictos entre los seres queridos. Por ello, en este filme tenemos un drama familiar que golpea duro en secuencias como aquella en la que, tras una pelea, a Maggie no se le ocurre otra cosa más gruesa que decirle a Rose “cerda asquerosa” mientras que su hermana le reprocha no tener nada más punzante para insultar después de haber convivido tanto tiempo. No menos fuerte es aquella secuencia posterior en la que Maggie es tratada como una prostituta por el amante de su hermana sin que este último sea conciente de sus actos.

Sin embargo, después de estas secuencias, los golpes dramáticos cesan para convertir al filme en una obra más digerible por todos los públicos. Y en ese objetivo, la cinta parece ir casi transformándose en una ligera comedia romántica. Así, conforme va avanzando la historia, comienzan a aparecer algunos clichés como los antipatiquísimos primeros planos de las mascotas, el príncipe azul perfecto por sus cuatro costados o el final con boda incluida. ¿Un fracaso? Recordemos que dijimos “casi”.

“En sus zapatos” está repleta de detalles originales que le ganan por puntos a los elementos convencionales. Detalles. Estos se encuentran a lo largo de la historia. Uno de ellos son los zapatos, objetos que pueden considerarse elementos de cohesión. Y es que, por la coincidencia de tallas, el calzado simboliza la historia que tienen en común ambas hermanas. En otras palabras: las dos calzan en los mismos zapatos, por ello, ambas se han puesto o se ponen en el lugar de la otra, como dice la frase popular. Estamos hablando de una serie de vivencias que continuamente son sacadas a la luz en los momentos de alegría y que se encargan de reunir a las protagonistas con la ayuda de un familiar que parecía haber desaparecido: la abuela.

La abuela, interpretada por una Shirley MacLaine que últimamente ha construido una imagen de abuela jocosa en películas como “Carolina” o “Hechizada”, también representa otro elemento de cohesión para los protagonistas y para la historia en sí, pues su incursión hace que la trama (que ya se encontraba separada en dos planos) se vuelva a unir.

Asimismo, también es fácilmente apreciable un elemento de “salvación”: el arte. Éste, materializado en la poesía anglosajona de autores como Emily Dickinson, cumple el rol de reconstruir poco a poco la interioridad de Maggie. De esa manera, contraria a la concepción freudiana del arte como catarsis, la lírica cumple el rol de recargar de conciencia a un personaje en una especie de “levantamuertos”.

Dentro de los recursos técnicos debemos decir que las escenografías están muy bien compuestas, son expresivas: se van haciendo cada vez más cálidas conforme se desarrolla la película. Además, vale la pena comentar acerca de los montajes que, a manera de flashes del pasado o de resumen de una historia remota, se encuentran correctamente dosificados. No se perciben abusivos como en otros filmes horriblemente efectistas.
Josué Aguirre Alvarado

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the final cut

Más allá de la muerte

Calificación: Mala

Robin Williams debió haber interpretado a superman en lugar de un editor de memorias. Al veterano actor de “Papá por siempre” o “La sociedad de los poetas muertos”, en “Más allá de la muerte”, lo encontramos tan inexpresivo que parece ser un hombre de acero. Valga la analogía; incluso lo golpean y le disparan y ni siquiera se queja del dolor. Parece que ha rodado la película obligado. Incluso Mira Sorvino, aunque con su personaje de amante del protagonista que no tenía nada que hacer en el filme, se le ve mucho más expresiva y más compenetrada con este pobre guión que, más allá de la ciencia ficción, no atrae de ninguna forma.

Vale comentar que este filme, debut del director Omar Naïm, parece haber sido mal montado por uno de esos “editores descuidados” (como los llaman en un momento de la película) que olvidaron colocarle un buen desenlace. De esa manera, no hace falta decir que la cinta resulta demasiado corta (dura a penas hora y media) y más aún cuando se pretende solucionar tantas interrogantes que ahogan la trama para finalmente dejar todo lo intrigante de lado (los crímenes que tenía que maquillar el editor o el conflicto que generan las organizaciones contrarias a la inserción del chip Zoe) para solucionar un intrascendente trauma infantil que padece el protagonista.

Ahora, la película tiene algunas pequeñas cosas novedosas. Una de ellas es la ambientación de la trama en un presente alterno, cosa que no ocurre con la mayoría de filmes semejantes en los que se recrea un futuro muy costoso de exhibir y mucho menos expresivo que el de “Más allá de la muerte”; “La memoria de los muertos, como se tituló en España; o “The final cut”, el título original: quizá una remembranza al nombre del último disco de los británicos “Pink Floyd”.
Josué Aguirre Alvarado

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2/16/2006

o casamento de romeu e julieta

El Casamiento de Romeo y Julieta

Calificación: Buena

A
sí como Orson Welles en 1962 adaptó la novela de Franz Kafka “El proceso”, Milos Forman en 1989 rodó “Valmont” basándose en la obra “Las amistades peligrosas” de Pierre-Ambroise Choderlos y Peter Jackson condensó cada volumen de “El señor de los anillos” de John Ronald Reuel Tolkien; el director brasilero Bruno Barreto ha demostrado que también se puede realizar un proceso inverso y dilatar, en una película de hora y media, algo tan pequeño como el cuento “Historia de amor”, de Mario Pratta.

Así surgió “El casamiento de Romeo y Julieta”, una cinta a la que no le sobra nada, un filme bastante jocoso que, aunque no se puede negar que está hecho para el deleite de la colectividad, por su trasfondo social, puede catalogarse como una pequeña joya del cine carioca.

Ahora, quizá para el público peruano, la idea de una rivalidad tan grande como la que se tienen dentro del filme los fanáticos del “Palmeiras” con los del “Corinthians” puede resultar un tanto increíble. Sin embargo, debemos tomarlo como una nueva adaptación de la enemistad que se tenían las familias Capuleto y Montesco en la conocida obra de William Shakespeare. Por ello, no en vano los protagonistas se llaman “Romeo” y “Julieta”.

Pero nada más. Fuera de estas analogías no debemos tomar elementos de la obra del dramaturgo inglés como su conocido el trágico final para compararlo con el “y vivieron felices para siempre” que nos ofrece esta película al más puro estilo de Hollywood.

Este parece ser el único defecto que, además, se ve aumentado por haberle precedido un gran conflicto entre personajes que se quedó en el aire. Podríamos agregar que fastidia un poco el hecho de que los micro clímax se vean deliberadamente interrumpidos por la introducción de situaciones cómicas. Sin embargo, nos saldríamos del contexto, pues ya dijimos que la película está destinada al entretenimiento y, en ese sentido, debe tentar a ser más divertida que profunda.

Aún así, podemos apreciar claramente dos tipos de recursos narrativos. Por un lado el empleo de la caricatura en figuras como la del suegro de Romeo, un acérrimo “Palmeiriano” y la furibunda bisabuela (¿tendrá la edad suficiente pare serlo?), comandante de la barra brava del “Corinthians”. Por otro lado, presenciamos la introducción de símbolos como el despojo de la camiseta de Romeo en las escenas finales. Aquí vemos que el protagonista ha renunciado a ser etiquetado por el amor. Además, también podemos percibir una fuerte discusión entre ambas familias en una plataforma deportiva que paulatinamente se convierte en un partido de fútbol con barras incluidas.
Josué Aguirre Alvarado

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house of the dead

La casa de los muertos

Caificación: Mala con ganas

Muchos zombis y poca imaginación. “La casa de los muertos” Es la típica historia de un grupo de jóvenes víctimas de una macabra emboscada. Sí, jóvenes y hermosos: una constante en el cine de terror que se infunde espanto al enfrentar a éstos con la monstruosidad absoluta. Estamos hablando de una disputa que se da desde que se reconoce al “terror” como género cinematográfico y que parece seguir siendo efectiva en la actualidad en filmes como “La casa de cera”, “La llave maestra” y, como era de esperarse, en “La casa de los muertos”.

Este enfrentamiento no es condenable siempre y cuando posea un trasfondo sólido, una justificación; una característica que se ausenta en “La casa de los muertos”, el último trabajo del director alemán Uwe Boll: una película poseedora de una trama tan vacía que sólo sirve para llevar a los personajes a una secuencia de acción. Por ello vale decir que el realizador está abismalmente lejos del tratamiento bizarramente humano que bien dominaba George Romero, pionero en este tipo de cine llamado de “case b”.

De esa manera, en “La casa de los muertos”, los conflictos sicológicos y entre personajes que bien aparecían en las películas del buen Romero, se omiten en favor de gratuitas secuencias de acción donde los protagonistas, jóvenes cabeza hueca que se dirigían a una fiesta, se transforman inverosímilmente en auténticos guerreros. Y todo mediante abusivos efectos de cámara y transiciones marcadas por las pantallas del videojuego que inspiró el filme.

Seguramente Boll pensó que éstas podrían darle cierta originalidad al filme. Sin embargo, ocasionan un efecto contraproducente: risas. Recordemos que este recurso había sido utilizado cómicamente en la década de 1960’ con la popular serie televisiva “Batman”. En ella, los golpes eran representados gráficamente por cartelitos que decían “Pow!” o “Awww!”.

Ahora, por este desacierto, y como el director parece haber advertido que la película causaba todo tipo de reacciones menos las que debería, sobre la edición debe haber ordenado subir en un 500% el volumen de las secuencias de terror. Por eso, le recomendamos al espectador llevar algodones para los oídos porque esta es una película con altísimos contrates de sonido. Mucho ruido y pocas nueces.

De esa manera veremos al inicio algunos desnudos y escenas de sexo muy desenfadadas pero que no aportan absolutamente nada al desarrollo de la trama. Además, escucharemos la intromisión de un narrador completamente inútil que lo único que hace es quitar toda la intriga al comentar, desde el comienzo, quiénes van a morir. Pero ¡ojo!, esto no es siempre algo negativo. Puede representar un reto perfectamente aceptable para el guionista que tenga la capacidad de crear otra clase de intrigas que desvíen la atención de lo comentando en el inicio. Pero de nuevamente: esto no ocurre con “La casa de los muertos”.
Josué Aguirre Alvarado

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2/15/2006

king kong

King Kong
Calificación: Muy buena

C
on la versión cinematográfica de “El señor de los anillos, Peter Jackson ha marcado un hito en historia del cine. Y es que el director neozelandés tiene el mérito de haber transportado coherentemente a la pantalla grande todo el universo mágico que habría imaginado John Ronald Reuel Tolkien al escribir su conocida obra. Fantasía. ¿Cómo sospechar que detrás del genio creativo del realizador se esconde una fascinación por el bizarro cine de terror de “serie b”? ¿Increible? Ambas cosas coexisten en la mente Peter Jackson, creador de los filmes de culto “Braindead: tu madre se ha comido a mi perro” y “El delirante mundo de los Feebles”; ambas obras de Gore.

De esa manera, con “King Kong”, la nueva adaptación del clásico filme de 1933 de la desaparecida productora RKO (la que hizo posibles filmes como el laureado “Ciudadano Kane”), el realizador ha sacado de la manga algunos recursos excluidos en su trabajo previo. Así, ahora nos muestra elementos aparentemente muy dispares, pero que se ajustan más a sus inicios como director: la inserción de largas secuencias en las que aparecen repugnantes insectos gigantes o rarísimas persecuciones de dinosaurios que terminan en un nudo, literalmente hablando.

Sin embargo, es preciso comentar que Jackson no sólo se queda en lo extraño. Avanza un paso más, se pasa de la raya y muestra inverosímiles escenas de “lucha libre” entre “King Kong” y cuatro saurios (recordemos que el la cinta de los años 30’, la pelea era más moderada y era de uno contra uno). Esto constituye un desatino, pues aquí la bestia peluda parece convertirse en un luchador profesional dejando de lado todos los gestos que bien lo caracterizaban como a un animal salvaje. Éste defecto, junto al abuso de una insípida cámara lenta, parecen ser los dos únicos errores de Jackson en el filme, dos tropiezos que se pierden en un mar de aciertos.

Uno de estos tinos está en el trabajo de cásting que puso en el rol protagónico a una deslumbrante Naomi Watts. La actriz lleva muy bien el papel de Ann Darrow pues, con sus ojos grandes y llorosos, le imprime el drama y la duda que necesita un personaje protagonista de un extraño triángulo amoroso. También es digno de reconocimiento el desempeño del “pianista”, Adrien Brody, que parece convertirse, contra todo pronóstico, en uno de los personajes cómicos del filme cuando esperábamos que Jack Black ponga la cuota del humor. Y es que el actor de “Ciego amor” interpreta al productor Carl Denhamun, un ser obsesivo que va evolucionando hasta convertirse en el malo del filme.

Carl Denhamun. Este personaje, que bien podría pasar desapercibido, cumple la importante función de registrar los fabulosos hechos que están aconteciendo en la expedición. De esa forma, su profesión de cineasta se confunde con la de un periodista o un historiador. Para él, el destino le prepara un drama: perder todo su material fílmico en una persecución. Por ello, y de manera apasionada, ambiciona un plan más arriesgado; todo para que su público (al que nunca olvida) pueda presenciar lo que él ha visto. Es un romántico.

Pero él no es el único que evoluciona. El mismísimo “King Kong” paulatinamente se va humanizando. De ello pueden dar fe la contemplación de atardeceres o la frenética búsqueda de la protagonista en la ciudad. La transformación de este personaje está marcada por el afecto que le tiene a Ann Darrow. Esto también es un tanto bizarro. Sin embargo, no es obra de Jackson, pues este argumento también se repite en la cinta original de 1933 dirigida por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack. Vale comentar que el filme original estaba basado en la historia de “La bella y la bestia” con la que también se realizó un bien recibido remake en 1976.

Estas dos obras, junto al actual filme de Jackson, son dignas representantes de los efectos especiales. La primera película dio a conocer la novedosa técnica de la animación cuadro por cuadro; la segunda, el empleo de robots; y la tercera, la animación por computadora que parece haber alcanzado un nivel definitivo con esta realización. Más aún si la animación fue realizada con el registro de movimientos y gestos del actor Andy Serkis, el mismo que le dio vida a “Gollum”, en “El señor de los anillos”.

“King Kong” es una película a la que no le falta nada. Posee, a pesar de sus tres horas de duración, una acción justa y bien dosificada. Por tanto, es casi imposible que el espectador se pueda aburrir con semejante obra que bien se puede clasificar como una aventura, aunque con algunos toques románticos.

Josué Aguirre Alvarado

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chicken little

Chicken Little

Calificación: Muy mala

Sería absurdo criticarle a “Piratas en el callao”el no tener una calidad gráfica semejante a la de cualquier película de animación del mercado cinematográfico mundial. Sabemos bien que esta cinta nacional es pionera en Latinoamérica, un lugar donde ciertamente no se produce este tipo de cine. Además, es de saber público que el filme apenas contó con un presupuesto de unos cuantos cientos de miles de soles, una miseria si lo comparamos con cualquier realización de Hollywood.

No obstante, no es absurdo –y por lo contrario es necesario– quejarnos del mediocre trabajo digital que representa “Chicken Little”, una película de animación que, a pesar de contar con un presupuesto multimillonario y el respaldo de la productora “Disney Pictures”, bien puede quedar al mismo nivel que su contrincante peruana. Y es que la productora anglosajona, sin el apoyo creativo de los estudios digitales “PIXAR”, ha dejado de rodar cintas de altísima calidad estética como “Toy Story” o “Buscando a Nemo” para emprender, en términos cualitativos, una caída vertiginosa en la que “Chicken Little” parece ser uno de los puntos más bajos.

El mediocre trabajo gráfico de “Chicken Little” se aprecia, por ejemplo, en el diseño de los personajes: animales de granja poco simpáticos, poco carismáticos e incapaces de producir alguna emoción. Parecen haber sido construidos en base a la exageración de sus defectos. De esa manera, nos encontramos con estereotipos elevados a la máxima potencia: pequeñísimos, demasiado gordinflones, muy feos y muy juguetones; dependiendo del caso.

Éstos no hacen reír por sí solos. Menos si es que van a protagonizar una serie de guiños a otros filmes famosos o a entonar canciones setenteteras (efectos muy recurrentes en la mayoría de películas infantiles). Éstas reminiscencias constituyen el único elemento con que se trata de dar vida a una historia que carece de todo suspenso, de todo conflicto; en definitiva. Y es que la trama se resuelve avisadamente como un cordón anudado del que basta tirar por sus extremos para que se desate.

Mención aparte merece la agresiva campaña publicitaria. Estamos hablando de un tráiler con una melosa tonada en el que aparecía bailando sin cesar el pollo protagonista tras una pregunta: “¿puede un pequeño pollito salvar al mundo, bailando?” La respuesta parece haber sido que no, pues el protagonista no baila en ningún momento de la película. Menos aún sale de un cascarón como insistieron en publicitar los carteles: “Una película con huevos” en nuestro medio o “Un nuevo héroe sale del cascarón”, en otros países con más decoro. Todo con tal de enganchar al público.

Y, precisamente, de esa forma se ocultaba la misma historia de siempre, la misma fórmula (padres / hijos + ambiciones = triunfo asegurado). No obstante, se puede comentar que aquí se ha empleado una variante: se entrelaza una trama en la que toda la ciudad odia al protagonista por no mostrar lo que ve. Estamos hablando de un argumento que, en pocas palabras, deja un desesperanzador mensaje: “ver para creer”.

Josué Aguirre Alvarado

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raise your voice

La chica del verano
Calificación: Regular
Terri Fletcher (Hilary Duff), como la mayoría de protagonistas de película hollywoodense, debe luchar por sus metas a pesar de la oposición de su padre. Ella no es corredora de autos Nascar ni jinete profesional, ni es patinadora. Es algo muy parecido para los efectos de filme: es cantante. Por ello debe viajar hacia una excéntrica academia estilo “Operación triunfo” en donde puede seguir desarrollando su talento. Este es el insípido argumento que se desarrolla en “La chica del verano”, una película que posee algunos atractivos que la salvan de la mediocridad, de convertirse en un extenso video clip de la Duff.

Valga la aclaración. No tenemos nada contra la joven cantante. De hecho, su aparición (sólo su aparición) parece ser acertada, pues hay que reconocer que tiene cierto carisma para llorar cuando tiene que hacerlo y reír en los pocos momentos que le concede el guión. No obstante, mejor están David Keith, en el papel de un duro padre de familia, con su cara de hierro; y Rita Wilson, en el de una vulnerable madre. Vale comentar que la actriz acababa de interpretar a un personaje cómico en “Virgen a los 40”, por tanto, su flexibilidad de caracterización es admirable.

Otro acierto parece ser el de iniciar con un frase de Beethoven. Y, aunque nos deja con la duda de que si sería o no apropiado citar al compositor alemán en una película de este calibre, no se puede dejar de señalar que el músico parece estar siempre presente por ahí; interpretado por una chica “dark” o, de manera huachafa, detrás de una tonadilla “hiphopera”. Qué ironía.

Vale la pena rescatar además el trabajo de fotografía. Ésta se luce enteramente en la composición de cada encuadre, en los románticos contraluces de playa, caóticos edificios nocturnos y emotivos primeros planos que captan con precisión las expresiones faciales de los actores.
¡Tantas cosas buenas! ¿cómo decir entonces que es un trabajo mediocre? Recordemos que estamos hablando de elementos que funcionan bien por separado. Y es que la trama central falla; ella, la encargada de unir todo y de dar sentido. Sólo parece tener fuerza al inicio de la película, en unos primeros minutos cargados de sorpresas narrativas. Pero esto es una cucharadita de otro helado. Después de eso la trama se vuelve predecible y poco interesante. Después del inicio, el director Sean McNamara (el mismo de “Gasparín”) se muestra muy complaciente y se avergüenza del tremendo inicio que nos brindó.

Josué Aguirre Alvarado

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2/14/2006

the exorcism of emily rose

El exorcismo de Emily Rose
Calificación: Buena

S
on las tres de la madrugada y el que ha visto “El exorcismo de Emily Rose” no pude dormir. Recuerda lo que se decía en la cinta acerca de este horario. Ve el reloj y tiembla. Y es que el aparato mecánico, gracias a este filme, se ha convertido en un objeto de terror y se suma a una larga lista que incluye teléfonos (por cortesía del filme japonés “El aro”) y perros rhod weyler (gracias filme de terror “La profecía”). Valdría la pena nombrar, además, al vampiro que antes de las decimonónicas historias de “Drácula” no causaba ningún temor en las personas.

El reloj como elemento de terror es uno de los tantos detalles que le dan fuerza al filme, a una obra que ya cuenta con la desventaja de reciclar el concepto del terror religioso que se inauguró en el cine en 1977, gracias a la película “El exorcista”, de William Friedkin. Este último filme, nos mostraba un contexto sobrenatural que ha ido perdiendo filo en sus secuelas y que ha sido tomado como objeto de burla en series televisivas como “Los Simpson” y en spots publicitarios como los de Mtv.

Por ello, era necesario poseer una gran dosis de novedad, de lo contrario no habría una historia espeluznante. Este parece haber sido el problema del director Scott Derrickson, que solucionó todo con par de ideas: Primero, comentar a viva voz que la película estaba basada en hechos reales; segundo, reservar el tema religioso para los clímax y narrar toda la historia como si se tratase de un juicio contra el exorcista.

Comentemos esta última idea. El planteamiento permite, entre otras cosas, poner sobre el tapete un conflicto entre la iglesia y el cientificismo. Por consecuencia de esto, se le puede alabar la osadía del realizar al contarnos una historia acrónica. Sin embargo, es preciso recriminarle a Derrickson que no nos ofrece una justificación lógica para montar un juicio. Nótese en la historia que al clérigo se le acusa de haber sido negligente cuando nadie ha presentado tales cargos.

No obstante, si ignoramos esta traba y nos dejamos llevar, descubriremos algunas virtudes como la ironía, que está insertada en figuras como la del fiscal: un hombre de fe que quiere condenar a un sacerdote. Además, está la abogada defensora, que es agnóstica y que decide defender la teoría de un exorcismo. Todo parece estar sospechosamente bien calculado. Y es que tanta coincidencia nos puede llevar a preguntarnos si es que estos personajes son reales o si es que pertenecen a la imaginación de director.

En fin, “El exorcismo de Emily Rose”, no es una película que trascenderá como “El exorcista”. Sin embargo, es una buena alternativa para el fin de semana. Al menos, los sustos están garantizados aunque éstos siguen apoyándose en los típicos golpes de sonido, cosa que no es del todo mala si se tiene en cuenta que no llegan a ser excesivos como en otras producciones hollywoodenses.
Josué Aguirre Alvarado

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tim burton’s corpse bride

El cadáver de la novia

Calificación: mala

Tim Burton, Tim Burton... ¿Qué pasó? Nos habías regalado joyitas del sétimo arte como “Beetlejuice”, “El joven manos de tijera”, “Batman”, “Ed Wood”, “El gran pez”; historias para todos los públicos, filmes de una estética sombría y cómica, a la vez. Tus obras eran impecables, se adentraban en la fantasía y siempre eran originales ¿Qué pasó ahora? ¿Por qué con “El cadáver de la novia” nos has ofrecido una película tan insípida, tan común y tan sobrecargada de chistes malos sobre muertos?

Parece que se hubiesen acabado tus fórmulas. Da la impresión de que quisiste copiar la estética de “Beetlejuice” y que diseñaste personajes en plastilina y 3D similares a los que utilizaste en “Batman”. Continuaste trabajando en un género en el que nunca te moviste muy bien: el infantil. Contrataste a los mismos actores de “Charlie en la fábrica de chocolate” (Johnny Deep y Christopher Lee) y no te ayudaron demasiado en otro ámbito que no fue el financiero. Hiciste una película groseramente corta, tan banal y con un final tan forzado que daba la impresión de que quisiste adaptar con violencia un relato de muertos vivientes a un cuento de los hermanos Grimm.

Repetiste sin éxito muchos detalles. Sin embargo, lo que debió aparecer, lo que debía ser una constante no se dejó ver. Nos referimos a tu estilo. Y es que “El cadáver de la novia”, como película, parece una obra tan comercial y descuidada que nos da la impresión de haber sido dirigida por Steven Spielberg en banca rota.

Lo peor de todo es que la productora “Warner Bros.” no ha querido que pases desapercibido. Por ello, y a pesar de que esta cinta la dirigiste conjuntamente con Mike Johnson, han puesto tu nombre en el título para que la gente no se olvide tan fácilmente de este desacierto: “Tim Burton’s Corpse Bride”.

Algunas cosas se pueden rescatar. La historia que nos cuentas, dentro de lo vacía que es, no tiene errores. El diseño de los personajes no tiene más fallas que las de exponer físicamente los estereotipos. Además, es agradable la percepción de los colores que paradójicamente en el mundo de los muertos cobra más intensidad. Estas tres cosas bien hechas nos hacen confiar en que “El cadáver de la Novia” es sólo una caída. Ojalá. Detestaríamos que tu brillante carrera termine así.
Josué Aguirre Alvarado

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2/12/2006

harry potter and the goblet of fire

Harry Potter y el cáliz de fuego
Calificación: Muy buena

L
a literatura. El cine. Hoy sabemos que estas dos artes no pueden colocarse en un mismo pedestal para decir que una es superior a la otra como sí se hacía en el renacimiento o en la edad media con la pintura y a la poesía. Estamos hablando de dos cosas distintas. Lo único que podemos hacer, por tanto, es valorar qué han heredado una de la otra. Así llegamos a la conclusión de que el cine ha influido en la literatura dotándola de recursos audiovisuales que sólo podían concebirse en planos de película; de que la literatura ha influido en el cine confiriéndole una estructura narrativa y miles de historias. Éstas van desde las adaptaciones de “Drácula”, de Bram Stoker, en la película de cine mudo “Nosferatu, el vampiro”; pasando por las numerosas versiones de “Don Quijote de la Mancha”, entre las que podemos destacar la de Roberto Gavaldón y Manuel Gutiérrez Aragón; hasta las dos grandes sagas cinematográficas de principios del siglo XXI: “El señor de los anillos” y “Harry Potter”.

Entonces, por aquel motivo parece completamente inapropiado que Joanne Kathleen Rowling, autora de la colección de libros de “Harry Potter”, esté continuamente metiendo la mano en el trabajo fílmico de los directores para cerciorarse de que las películas sean realizadas a imagen y semejanza de sus creaciones. ¿Con qué objeto? ¿Para que el público no aprecie un nuevo enfoque de la obra o para asegurar su imperio del niño mago?

Pero la intromisión de la Rowling no se queda ahí, pues así como sus obras son una continuidad, también quiere que las películas lo sean y por ello bajo contrato solicita la conservación de una misma estética fílmica, de un mismo cásting y una misma escenografía. Trabas artísticas.


Esto no ocurría con una de las sagas más prolíficas del cine: la de “James Bond”. Aquí, sí podía variar lo que considerase el director de turno, que siempre plasmaba su perspectiva a pesar de que Ian Fleming seguía vivo y escribiendo. Tampoco ocurría lo mismo con “El Señor de los Anillos”, obra de John Ronald Reuel Tolkien con la que el director Peter Jackson tuvo plena libertad de adaptación, de escenario y de personajes.

Con “Harry Potter”, los directores no tienen tanta suerte, se les cambia como camisas y casi son tratados como títeres... Casi. Y es que al margen de los impedimentos que deben sortear, dos realizadores decidieron ser desobedientes. El primero es el mexicano Alfonzo Cuarón, que con el tercer libro de Harry Potter dirigió un filme artísticamente impecable, una trama más psicológica que la historia que se narraba libro, sin embargo, menos agradable para el público infantil. El segundo rebelde es el británico Mike Newell, director de “4 bodas y un funeral”, que ha asumido la responsabilidad de esta película, “Harry Potter y el cáliz de fuego”.

Newell ha hecho con Potter algo que es digno de reconocimiento: ha realizado un exhaustivo trabajo de edición literaria para seleccionar los hechos que permitan construir un thriller. De esta manera, ha dejado de lado muchos hechos que Rowling y la productora Warner no querían dejar de contar en una extensa película de dos partes, una historia que Newell narró sólo en dos horas y 25 minutos.

Y, aunque resultó un poco corta para quienes hayan leído el libro, no podemos dejar de señalar que, como obra cinematográfica autónoma no le falta nada. Incluso, podemos decir que si no se tratase de un eslabón más en la cadena de historias del niño mago, se le podrían recortar algunas partes que a priori resultan completamente intrascendentes. Este el es caso de el baile de navidad o el enamoramiento de Harry. De ser omitidas el filme podría ganar en agilidad.

Pero aquí lo que contenta a los cinéfilos, molesta a los lectores; ya que éstos últimos han manifestado en el Internet sus elogios hacia las mencionadas secuencias. No obstante, muchos de ellos han discrepado con el violento y trágico final, un final que los cinéfilos no dejan de halagar. Y es que Harry sigue creciendo. Está en cuarto año de la escuela Hogwarts y sus aventuras cada vez se van poniendo más oscuras. Una oscuridad que promete.

Josué Aguirre Alvarado

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kung fu hustle

Kung-fusión

Calificación: buena

G
uerra a los tráiler. Hace tiempo que este tipo de publicidad viene mostrando los filmes muy distintos a lo que son. “Kung-fusión” es un ejemplo de ello, pues se le presentó como una mezcla de comedia hollywoodense protagonizada por Crhis Farley y una cinta de artes marciales barata. Gracias a Dios que no fue así.

Desde los primeros segundos, la película golpea y golpea duro. Por ello, el que se fió de los avances y esperaba reírse de principio a fin, se tropezará con una violenta escena inicial. Y es que el salvajismo, en este filme, es un ingrediente fundamental que parece no tener nada en común con su complemento: un fuerte humor negro. No obstante, debemos considerar que “Kung-fusión”, aparte de ser la historia cómica de un barrio, es también una película de mafiosos en un pueblo de la China de la década de 1940.

Las partes humorísticas están representadas por la caricatura y las de violencia por una inquieta cámara e impresionantes efectos especiales que Stephen Chow, responsable de esta cinta, conoce muy bien desde su anterior filme: “Shaolín Soccer”. Pero Chow no sólo es director; es productor, guionista y protagonista. Y, además es chino. Por eso nos trae un homenaje al cine oriental de artes marciales, una realización que contó con la participación de Yuen Wo Ping, coreógrafo de “Kill Bill” y “Matrix”.

Precisamente estos dos filmes occidentales parecen haber sido asimilados en “Kung-Fusión”. Por tanto, podemos decir que de “Kill Bill” hereda el sentido de homenaje al cine de artes marciales y de “Matrix” recoge conceptos como el de “El elegido”, y errores como el de dejar la historia de lado para mostrar una efectista pelea como es el caso de la última escena.

Pero no todas las secuencias de lucha son disparatadas. Hay partes como aquella en donde un dúo de hombres ciegos asesinan a tres peleadores del barrio. Esta batalla, por su calidad artística (la música y el empleo de los colores, sobre todo), bien puede calificarse como lírica, surrealista y hasta magicista.


Josué Aguirre Alvarado

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2/09/2006

un día sin sexo

Un día sin sexo
Calificación: regular

H
umor y drama; conversaciones y conflictos sentimentales. Ésta es la columna vertebral de “Un día sin sexo”, filme peruano que narra la historia de cuatro parejas que experimentan la ausencia de sexo por una noche. Gonzalo y Daniela, Lisa y Gabriel, Patricia y Felipe, Alexa y Nicolás. El primer par es un matrimonio joven con problemas; el segundo, dos jóvenes que se conocen casualmente; el tercero, dos esposos mayores que tienen problemas de impotencia; y el cuarto, dos chiquillos que tienen relaciones sexuales por primera vez.

La película debería tener un título más “Woody-Allenesco” como “cuatro historias de una noche”o algo parecido. Pero la producción ha decidido rotular únicamente con la circunstancia, con una oración que contenga la palabra “sexo”. Y es que este término vende muy bien. Suena a exhibición de carne, a película gringa qué tanto gusta al público peruano. Por ello, debemos advertir que ”Un día sin sexo” dice poco de la cinta. Con esta afirmación nos referimos a que no vamos a encontrar las escenas de desnudo y de sexo explícito que bien promovía “Mañana te cuento”, aunque sí hallaremos algunas similitudes como el protagonismo de Melania Urbina y Bruno Ascenso.

De la Urbina podemos decir que interpreta de manera creíble a una chica medio rebelde, un personaje muy distinto a la inocente prostituta de “Mañana te cuento”. Además su transformación física, llama la atención. Pocos podrán reconocerla bajo tanto maquillaje. Con todo, logra cierta química con Giovanni Ciccia, que también ha cambiado de personaje: deja la seriedad para convertirse en una especie de bufón. Y no se le ve mal. De hecho, es admirable esa capacidad propia que tiene para burlarse de sus poses de niño malo.

Vale comentar que la actriz también tiene créditos como co-guionista junto al debutante Frank Pérez-Garland, director del filme, que ganó el premio del público por el cortometraje “Mejor mañana” en la Filmoteca de Lima. Sin embargo, su trabajo presenta un defecto: nos trae cuatro historias bien narradas solamente como tramas autónomas. Y es que hay tramas como la que protagoniza Bruno Ascenso en el papel de Nicolás, que no aportan nada a la macro estructura de la película y que dejan algunas cosas en el aire como aquella relación medio misteriosa que tiene él con otra chica.

La historia de Nicolás bien pudo no aparecer, aunque ello podría haberle costado al filme el público juvenil de “Travesuras del corazón”. Caso contrario ocurre con otra trama inconexa: la de aquel matrimonio mayor protagonizado por Ivonne Frayssinet y Gianfranco Brero. Aquí, aunque seguimos hablando de párrafos sueltos, no podemos dejar de señalar que la sub-trama no deja nada al aire y que el talento de los actores mantiene al público en suspenso.

Desconexiones: un desacierto que hace ver a “Un día sin sexo”, como un enorme muñeco de plástico que al levantarlo se desarma. Tiene validez, entonces, la frase popular: “mírame y no me toques”.

Vale la pena comentar, para el fanático de Mar de copas, que la banda sonora de la película está constituida mayoritariamente por temas de esta agrupación y, en menor grado, por otras canciones de conjuntos como “Campo de almas”. No obstante, la similitud de estilo que proponen semejantes artistas le imprime cierta monotonía al ritmo de la película.

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